El mar no toma imortancia a su color; el ave nada sabe de su canto; y la gacela tampoco de su velocidad. Las creaturas existen, sólo eso. Como ellos el hombre nada sabe. Escudriña desde los griegos en los misterios del cosmos y de su interior. Y sus conclusiones siguen un laberinto de pensamiento e ideas donde nada se concluye, donde nada se construye. Por eso ven a la banca del parque, miremos la dama que saca a pasear a su perrito, miremos el sol que se oculta; los viejos que caminan; las lágrimas del sauce. Nada es para siempre, sólo el amor eterno que dura un buen tiempo, aunque dicen por allí los de la trova que el amor eterno dura bien poco.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
Comentarios
Publicar un comentario