Ni la ira u odio me maniatan. Desde siempre les dejé fuera de mi como bestias de ponzoña. Les puse un límite sombreado. Y quedaron como fiel recuerdo de bajezas y raras fobias por lo humano. Me limité a grabar sueños con imágenes y dudas para tener interés en búsquedas permanentes. Entonces sentí que era otra forma de mirar las cosas, desde un punto de vista de permanente ensueño. Nada fácil. De pronto las fotografías de portada me rodean, me reclaman, me exigen. Y entonces bajo de la nube y respiro átomos de muerte, de resentimientos. Y transito como si fuera cinco centímetros por sobre el piso. El que os adula os aborrece, dice un amigo. Y decía el Cabral que se acaricia el lomo del caballo para montarlo. Por lo pronto digo salud a mi mismo, celebro con café la vida. Esta. La de hoy. No sé mañana.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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