Huir de uno mismo

"Banano", gritaron a mi espalda. Y seguí de frente. Me di cuenta que era una lechuga licenciosa, verde y puesta para la ocasión. Me amarré bien el cordón de los zapatos por si las dudas y seguí. Al voltear vi que agitaban las manos y señalaban al sol. Viejo truco, dije, eso de la luz. Podría quedar ciego si asomo la mirada azul al sol. Y seguí. Ya lejos del bullicio me senté en una banca de parque. Y saqué libreta y boligrafo que escribe decepciones  y retratos. Era el mar, entre rojo y verdoso. Y yo huía de mí. Que es la peor huida. Deja que me explique: huir de otros tiene su chiste y probable a uno no lo alcancen. En cambio ¿dónde esconderse cuando de huir de uno mismo se trata?

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