Palabras

Las palabras mejor dichas pasan por el pensamiento. Allí deben de pulirse para que salgan frescas, guiñadoras. Pero a veces, muchas veces, se precipitan, saltan, vengativas. Parecen como piedras con filo o espinas. Es necesario un parachoques o enfrentarlas a la sonrisa, al silencio. Es entonces que vuelven al redil, las palabras, domadas, brillantes, lindas.

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