Buscaré mañana tu rostro en la ceniza. Para ver si algo queda de la vanidad y el orgullo. De la ira perenne. Del brillo de los ojos. De la burla señera. De la risa melancólica y nerviosa. De esa juventud eterna. De la inteligencia que tenía el dato preciso del resultado en la ruleta y los dados. Buscaré en la ceniza la dureza de los huesos. Algún recuerdo líquido que andaba en la memoria buscando olvido. Habrá tiempo de nuevo. Los libros perdidos en el callejón de la infancia. Resuenan notas del himno. La bandera sigue intacta sujeta a un palo viejo. La patria siempre quedó a la izquierda como el corazón. Buscaré el corazón entre las cenizas. Que es señal que hubo fuego, vida. Y el fuego nuevo será siempre la esperanza. Buscaré en las ceniza las palabras no dichas. Los abrazos y besos no dados.
De cartas
Me maravillo al leer tu carta. Tengo la manía de decirlo cuando me gusta el texto desde el punto de vista del taller. Tu carta está doblemente bien, por su forma y contenido. Te agradezco de antemano la confianza de abrir tu corazón hacia este que soy, un desconocido, con el que sin embargo coincides. Te comprendo y te abrazo en la situación por la que atraviesas.
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