Sentado frente al río yo me río, como Diógenes. Y como un Demócrito en referencia a,  me quiero bañar dos veces en esa agua. Usese la mar pars amar. La misma. El cura no dice amén, más bien amén. Sentado escudriño sobre el yo y la nada. Sensación de loco. Divagar. El agua del río pasa frente a mi. Fresca, cantarina, transparente. Y se va en una constante maravilla. Yo sigo aquí, en la orilla. Recuerdo el pasado. Y de pronto el agua vuelve atrás. Remonta.

Comentarios

Entradas populares de este blog

De cartas

Rigo Tovar y Chico Ché

¿Por qué así, señor periodista?