No hay pretexto

Escribes tu nombre. Santo y seña. No hay escapatoria. Nadie ha sido encontrado culpable de vivir. Y es entonces que recorres en la memoria el pasado y e futuro. Y te das cuenta que nada era nunca y para siempre. Y que el infinito es un concepto algo breve, suave, rítmico y rijoso contra lo efímero. Casi todo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

De cartas

Rigo Tovar y Chico Ché

¿Por qué así, señor periodista?