Sentado en el parque
Manco y cojo, sentado en el parque, un hombre canta alabanzas al señor de los cielos, al único. De vez en vez descansa y fuma un cigarrillo. Da sorbos a una botella de vino. Continúa su ruta de cantos. En su rostro se percibe paz. Fija su mirada en las personas que pasan silentes, acongojadas. Al final de la tarde, se acomoda su pierna y brazo artificiales y camina, seguro, con la mirada altiva.
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