(3) Caída uno

La piedra invisible, como material para erigir pared, cae con el eco del pozo rampante al oído. Y sigue en la caída, como escuchar el ruido de la madreselva al crecer. La gravedad, caer más, sin fondo. Caer de los sueños, huesos ateridos. Nadie se compadece por el que cayó. Por la calle niños en bicicleta y su ipad conectado al oído lanzan señales al viento. Desde la colina miro el ritual de dar de latigazos a personas sin rostro, sin nombre.

Comentarios

Entradas populares de este blog

De cartas

Rigo Tovar y Chico Ché

¿Por qué así, señor periodista?