Cada colonia de Matamoros tiene sus características, y las añoranzas de sus habitantes. En mi caso y de muchos, porque allí crecimos, son tres las colonias: la Praxedis Balboa, la Treviño Zapata y la Popular. A las tres las atravesaba el canal Soliseño, que ahora es avenida Cantinflas, y la calle Augusto Sandino, que luego le cambiaron el nombre a Roberto Guerra. Empezaba la Praxedis con el estadio que tenía construída solo la parte oriente con sus gradas. Ahora me dicen que ya lo derrumbaron. Tenía pista de tartán. Entre la Praxedis y la Treviño Zapata, estaba la zona roja, la llamada de tolerancia, donde se ejercía la prostitución y venta de licor y cerveza. En la Treviño Zapata teníamos La terraza Marys, de la familia Charles. En la Colonia Popular estaba el cine del mismo nombre. Al aire libre. Y bancas largas como de iglesia, pero rústicas. Mi padre me llevaba de niño. Era una alegría grandísima ir de su mano, saliendo del callejón 6, y caminar por toda la calle Bernardo Gutiérrez de Lara, hasta llegar al añorado cine. Antes de iniciar la película, ponían música vernácula, y la melodía previa, como aviso de ya a punto de comenzar, era la Marcha a Zacatecas. Eran películas de todo tipo, pero de las que más recuerdo eran las de los hermanos Almada, Mario y Fernando, 30 segundos para morir. Lo mismo las de Julio Alemán, El tunco Maclovio y otras. Mi padre compraba semillas de calabaza para él y palomitas para mí. El cine hace muchos años desapareció. Pero sigue vivo en nuestros recuerdos.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
Comentarios
Publicar un comentario