No soy partidario del América ni del Monterrey. Más: no soy fanático del fútbol. En el 2006 Antonio Moamhed, a quien apodan "El turco", fue a Alemania a ver el mundial de fútbol celebrado en ese país teutón. Llevó a su hijo Farid de 9 años de smaños. Y en accidente automovilístico falle ió luego de cuatro días en agonía. "El turco", le hizo la promesa a su hijo en su lecho de muerte que llevaría a los rayados Del Monterrey al campeonato de la liga nacional de México. Lo logró en la tercera final. Había fracasado el 2016 ante los Tuzos y en 2017 ante los Tigres. En apretado partidos, casi con resultado de moneda al aire, anoche le ganó al poderoso América. Vi el partidos en el cumpleaños de mi joven sobrino Rigo. Que por cierto escribe poesía y escribe bien.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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