A distancia platicábamos vía Watsap. Coincidíamos en los recuerdos. Nostalgia por la vida y la muerte. Señales de humo, carnal. Describiendo la circunstancia. Yo estaba donde el ruido. En el Cabanna. Jóvenes sonrientes. Animosos en sus platicas. Futbol y luego box en las pantallas. Lleno el local de ruido y personas. La música era una repetición de tres notas. Cuando mucho. Luces. Rostros de jóvenes también a la espera de un espacio para pasar la temporada en el infierno. Yo me concentraba en la próxima película. El libro casi terminado. Y el texto por escribir. Recordaba los fracasos generales. Y veía los rostros de cutis bien cuidado. Ropa casual. Y vislumbré fracaso generacional. Es un decir. Daba cuenta de notas anteriores. Mar revuelto. Viento. Ética y estética. Y tú, carnal, en esa tranquilidad de la noche. Sin ruidos. Solo conectados por un hilo de palabras. Afuera las luces. Y la luna escondida en algún cajón del ropero.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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