A distancia platicábamos vía Watsap. Coincidíamos en los recuerdos. Nostalgia por la vida y la muerte. Señales de humo, carnal. Describiendo la circunstancia. Yo estaba donde el ruido. En el Cabanna. Jóvenes sonrientes. Animosos en sus platicas. Futbol y luego box en las pantallas. Lleno el local de ruido y personas. La música era una repetición de tres notas. Cuando mucho. Luces. Rostros de jóvenes también a la espera de un espacio para pasar la temporada en el infierno. Yo me concentraba en la próxima película. El libro casi terminado. Y el texto por escribir. Recordaba los fracasos generales. Y veía los rostros de cutis bien cuidado. Ropa casual. Y vislumbré fracaso generacional. Es un decir. Daba cuenta de notas anteriores. Mar revuelto. Viento. Ética y estética. Y tú, carnal, en esa tranquilidad de la noche. Sin ruidos. Solo conectados por un hilo de palabras. Afuera las luces. Y la luna escondida en algún cajón del ropero.
De cartas
Me maravillo al leer tu carta. Tengo la manía de decirlo cuando me gusta el texto desde el punto de vista del taller. Tu carta está doblemente bien, por su forma y contenido. Te agradezco de antemano la confianza de abrir tu corazón hacia este que soy, un desconocido, con el que sin embargo coincides. Te comprendo y te abrazo en la situación por la que atraviesas.
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