Ningún muerto es anónimo. Ni uno solo. Cada uno de ellos tiene nombre y apellidos. Tuvo sus sueños, su circunstancia. Sus motivos de sueños, de sonrisas. Aún si van a un crematorio. Si están varios días en la morgue. Inmensamente solos. Si nadie reclama sus cuerpos. Si van al foso común. Tuvieron sus colores preferidos. Miraron amaneceres y disfrutaron puestas de sol. Algunos tuvieron sus lecturas. Sus locuras. Sus arrebatos. Tuvieron amores públicos o secretos. Mandaron o recibieron cartas. Lanzaron cartas al mar por el amar a imposibles. Acariciaron a un gato o perro. Cada uno de ellos tuvieron sus creencias sus miedos. Y como todo vivo tuvieron que irse en el orden correspondiente. Carne magra aplastada por el tiempo. Triturada en experimentos ideados en una cueva de papel. Son por ahora memoria de sueños. Llegará el día en que se eriga un memorial por todos ellos. Nombrados en su paso. Acaecidos en sacrificio de ciencia, quizá. En sacrificio de la ganancia por la guerra.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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