Números de nuevos datos. Muertos y más muertos. Sin distingos. De toda edad. De toda ideología. Día a día nuevas cantidades hacia aumento. ¿Donde se detendrá? ¿En qué punto de la línea? ¿Quiénes son los que caen hoy? Y mañana ¿quienes caerán? ¿que sueños se derrumban? Y escuchas voces de miedo. Las miradas son de miedo. El caminar de miedo. Y las pláticas se van a otros temas. Y vuelven, porque la realidad se impone. Y uno escribe "delitos de lesa humanidad". Contra quién. Desde lo básico: Dios o el hombre. Si Dios. Resignación. Si el hombre. En función de qué lucro. Hacia qué cuentas. En qué caverna. En qué oficina. Los números son fríos. Porque son de lejos. Son los otros. Hasta que conocemos a alguien. Hasta que es nuestro vecino. Nuestro amigo o familiar.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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