Carta en botella a la mar

1. El cartero llama. Me dice festivo que me ha llegado una carta. "Gracias", y casi al instante rompo el sobre para saber de parte de quién, y lo que me dice. Es raro que nos llegue carta de papel y sobre. En estos tiempos no. Ya no. O de manera muy ocasional. Y si acaso llegan, son comerciales. Sea del banco o del Estado que me recuerda pagar el tributo. No de familia. Ni de amor o amistad. 

2. Ahora vivimos los tiempos de las redes sociales. La tecnología permite que el mensaje de amistad o amor, al instante llegue tan pronto terminar de escribir la carta y enviarla. Y la respuesta igual, solo lo que se tarde el destinatario en dedicarle.minutos u horas para que esté de regreso la respuesta. Muy atentamente. Besos y abrazos y cosas así. Pero ya ni por esa vía nos llegan cartas. Apenas mensajes de cinco o cuando mucho diez renglones.

3. No digo yo que regresemos al pasado de las cartas. No. El tiempo como la corriente de río, no remonta. Si acaso se escriben cartas es como ejercicio del pensamiento. Como también lo es leer. O hacer ejercicios mnemotécnicos. Entonces escribir se plantea como una necesidad de salud y mejora del pensar y en consecuencia redactar mejor, con más claridad y precisión. Un "le quiero" vendría bien. Un te quiero, mejor

4. Yo fui de los que escribieron cartas frenéticas en mi juventud. Cartas ridículas, diría Fernado Pessoa: "todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fuesen ridículas...", afirma contundente .  Y las sigo escribiendo. Por ejemplo esta lo es. Eres tú la destinataria. Tú, lector. Destinatario. Te cuento de todo esto. Parte de nostalgia. Parte del amor por las palabras. Si decimos que la salud es la mayor riqueza. Si decimos que la amistad es el mayor tesoro. Si digo que el amor es lo sublime. Entonces las palabras son Dios mismo. De veras. son las palabras las que nos hacen como seres humanos.

5. "Estimado y apreciado Sr. Antonio, me da gusto leerle". Me llegó este mensaje vía watsap. Número desconocido. Decía me daría gusto saludarlo personalmente. Decía la dirección de un parque de colonia. Con ubicación digital, para que no hubiera pierde. Decía un nombre, que por ahora me reservo, pero que nada me dice. Y día y hora a manera de cita. "Viernes. 19 horas. No falte. No sé arrepentirá". El no se arrepentirá no venía con signos de admiración. Admirable el valor, sí. Pero atrás de todo mensaje hay algo oculto. Estoy a tiempo de tomar la decisión de estar o no. ¿Ir? ¿Por qué no?

6. Recuerdo que hace años me llegó carta de una lectora del periódico donde yo trabajaba. De entrada ella adelantó el dato. "Fui su alumna hace 30 años; quizá ni se acuerde de mí", me dijo. Sacando cuenta, hace esa cantidad de años yo daba clases de música en el jardín de niños Froebel de un municipio del estado Hidalgo.  Cuando el mensaje, ella tendría unos 35 años en edad. Yo 45. Y nos escribimos durante varios años. Era escritora y trabajadora social. Me mandaba unos de sus poemas. Y me pedía que le hiciera sugerencias para  corregirlos. Y nada que corregir, aroma en los vocablos, metáforas bien construidas. Ritmo como de baile suave. 

7. Y cómo no recordar la carta que lancé al mar para ver si el destino la acarreaba hacia una playa sea nacional o extranjera. Y sucediera que llegara en esas casualidades a la persona que iba dirigida. Nunca obtuve respuesta. O no llegó a nadie. O llegó pero olvidé escribir mi dirección  y número de teléfono. Así pues cómo. Lo mismo recordé que yo me sentaba en la playa y miraba botellas arrastradas por las olas. Y corría, sintiendo el  corazón a punto de romperse, para ver si venía carta de respuesta. Carta de amor, por supuesto. Ridícula. 

8. Sigue Pessoa: ...Pero, al fin y al cabo,/ sólo las criaturas que nunca escribieron/ cartas de amor sí que son ridículas./ Quién me diera el tiempo en que escribía/ sin darme cuenta/ cartas de amor/ ridículas./ La verdad es que hoy mis recuerdos/ de esas cartas de amor/ sí que son/ ridículos.

9. Cuando nos despedimos, ella tenía 15 años y yo casi igual, no había cumplido aún los 16. Si llegamos a separarnos, júrame que no me olvidarás. Lo juro. Hagamos un pacto. Hagámoslo. Si la vida nos separa cada quien va a escribir carta y lanzarla al mar en una botella. Y si el hilo rojo es nuestro destino, entonces habremos de coincidir de nuevo.

10. Nunca nada de carta llegó. Pero tampoco me desanimé, ni me he desanimado. Ni nunca. Yo escribo y recuerdo los tiempos de las cartas. Se hacía el esfuerzo de que la letra nos saliera bonita. O le pedíamos a alguien caligráfico que nos la pasara un papel de color y con marco de flores. Y una gota de perfuma le poníamos. O una gota de néctar de fruta, para que supiéramos que con fruición escribíamos como saborear fruta, papaya, mango o durazno.

11.Todo tiempo pasado fue mejor. Y si todo tiempo presente será pasado, luego entonces todo tiempo es mejor, sin duda. Y el tiempo que te quede libre, si te es posible escribe una carta. No importa que sea ridícula. Todas las cartas lo son. Sobretodo y principalmente las de amor. Cunda el amor.

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