Con el golpe le salieron alas y voló. Así murió mi padre. Andaba ya en los 84 años. Y medio sordo. Se descuidó en el cruce de calle. Y sucedió. Salía tantas veces durante el día. Cruzaba calles con agilidad. Y entre precauciones de él y de los automovilistas. Vivió pleno y alegre su vida. El caso es que anoche lo soñé en vida. Posterior a este golpe. Lo vi sereno. En una edad más avanzada. resignado al fin de su tiempo. Fin lento. Sereno en su rostro. "No has venido", me reclama dulce. Yo me abrazo a él. Lo vi con mis hermanos. Lo llevaban como niño a su trabajo. Lo dejaban guarecido a un lado mientras ellos hacían su trabajo de siempre embelleciendo jardines. Y al final lo llevaban a casa en su regreso. Anoche soñé a mi padre. En su tranquilidad. Y en otro tiempo. Que poco a poco va siendo también el mío.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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