Anda, vamos a leernos. Deja fuera la lectura del café, la de los polvos mágicos, la orientación del viento. Dejemos de leer los signos de los tiempos. Vamos a leernos. Lento o rápido. Los sueños incluidos. Las miradas. El fuego de la raíz. Las palabras. Leer nuestro cabello, los lunares, la geografia terrenal en movimiento. Hay cuentos repetidos. Poemas de una sola linea. Y las tardes de estío. Caigan las hojas. Vuelen los pájaros. El libro nuestro somos uno mismo. Nuestro paisaje exterior e interior. Volátil la eternidad. Éter de las constelaciones. Hemos de encontrarnos en las lecturas. Nosotros mismos. Cuando a veces es soliloquio. Somos soliloquios.
De cartas
Me maravillo al leer tu carta. Tengo la manía de decirlo cuando me gusta el texto desde el punto de vista del taller. Tu carta está doblemente bien, por su forma y contenido. Te agradezco de antemano la confianza de abrir tu corazón hacia este que soy, un desconocido, con el que sin embargo coincides. Te comprendo y te abrazo en la situación por la que atraviesas.
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