Andamos padre en los jardines. Y nos llamas a ras de sol para comer. Y buscamos la sombra del árbol. Y bajo ese abrazo natural de sombra nos sentamos y compartimos el pan y la sal. Y los recuerdos fluyen. Como en el cine a ruido de los balazos de los hermanos Almada, o de los besos tronados en las películas de Infante o Negrete. Y mientas escucho a Roberto carlos y su hijo cantar en dueto Mi viejo, mi padre y mi amigo, me salta frente a mi tu sonrisa en ausencia desde ese fatídico 13 de abril. Por las tardes te seguimos esperando con tu bolsa de pan dulce como tu corazón y mirada. Y llegas. Como esos días de magos al amanecer del 6 de enero encontramos un juguete y la infaltable bolsa de dulces con naranja. Te sueño y te acercas para pedirme despierta, se hace tarde ya para que vayas a la escuela.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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