Un atolito, madre se antoja. Es invierno. Un cafecito. Una capirotada y tortas de camarón como en Semana Santa. Unos tamalitos de Navidad y fin de año. Tortillas tostadas en el carbón, con salsa picosa. Se antojan los abrazos y las palabras. El contarme lo que ha sucedido en el pueblo durante un año. Entre defunciones, bodas, quinceaños, muertes y abandonos. La cocina es el lugar de encuentro. La cocina es el lugar de lo tibio. El mejor lugar para estar en los inviernos. Cada año el encuentro. Las devotas palabras de cariño. Antes, el abrazo y sonrisas de bienvenidas. Mi madre me da un atolito caliente que me quema. Al dármelo me dice suave: despierta, estás soñando.
De cartas
Me maravillo al leer tu carta. Tengo la manía de decirlo cuando me gusta el texto desde el punto de vista del taller. Tu carta está doblemente bien, por su forma y contenido. Te agradezco de antemano la confianza de abrir tu corazón hacia este que soy, un desconocido, con el que sin embargo coincides. Te comprendo y te abrazo en la situación por la que atraviesas.
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