Punta de iceberg, la violencia
1. Cuando desperté, la muerte estaba allí agazapada. Bajo de mi cama. Iba en un hueso de pescado. Me acompañaba en la velocidad de mi auto. Viajaba en una bala perdida. En un resbalón. En la escalera que trastabilla. En un pelado cable conductor de electricidad. En una regurgitación de ácidos. En un distraído cruce de calle. En un asalto a mano armada. En una bala dirigida.
2. No eras tú, no era yo. Era un colectivo que hablaba como en Torre de Babel. Una al otro se decían: "la culpa es tuya". Lo mismo cuando dos niños que pelean, ninguno dice: "castígueme a mí, maestro, que yo empecé el pleito". Y esos niños son ahora los adultos. La pareja, en los conflictos, le echa culpa total al otro.
3. La muerte campeaba por todas partes. Ante esto la masa volteaba para otro lado. No es a mí ni a mi familia que sucede. "Mientras lloren en otras casas, problema mío no es". Así dijeron siempre. Pero poco a poco como dice el dicho, la lumbre va llegando a los aparejos. Estaba a diez cuadras. No es mi problema. Está a cinco cuadras. No es mi problema. Está a dos. Está en mi vecino. Le llevaré un ramito de flores.
4. Ya había sucedido mucho durante mucho tiempo. Desfiguros y demás. Hechos aislados, se decía. La prensa empresarial miraba a otro lado. "Luis Miguel cayó del escenario". "Nació una rata con dos cabezas". "Se deshiela la Antártida". Etc.
5. Imperceptibles, al paso del tiempo y de las generaciones, iba en ascenso de mínima a mayor violencia. Habíamos pasado a recogernos temprano. A cerrar las puertas. A guardar lo de valor. A poner rejas a puertas y ventanas. A comprar seguros de vida. Como el ejemplo de las ranas que se van acostumbrando al aumento del calor en el agua.
6. Todos dicen que nadie se daba cuenta de nada. Lo que sucedía es que voltean a ver a otro lado, mientras todo esto sucedía. Hasta que la muerte tocó a la puerta del vecino. Pero aún no era tiempo de sentir en carne propia. Si eran maestros los que caían, otros gremios hacían de la vista gorda.
7. La indiferencia era la madre, como el ocio, de todos los males. Pero quien lo decía era tachado de loco, de exagerado, de antosocial, de conflictivo, de comunista, de ridíulo, de comunista, de guerrillero. además que la violencia era en el norte, y tan tan. Todo sucedía en el norte. Y qué barbaridad. "Lo bueno que acá en el sur no sucede eso", y le rendían pleitesía al gobernante en turno. Hasta que nos llegó. Y no por generación espontánea.
8. Queremos una sociedad distinta, por supuesto. Yo también la quiero. Pero no vinculamos que la violencia es estructural y tiene muchos tentáculos. Y algunos gritan de manera estridentr: "¿Qué tiene qué ver una cosa con la otra?" Desprecian la sociología, la historia, la filosofía. Le generan un ambiente en contra, para que los jóvenes no estudien esas carreras, porque no son "productivas económicamente", argumentan. Le dan valor mayor a la acumulación de cosas, a las cuentas bancarias, al tener, en lugar del ser.
9. Que la violencia es solo la punta del iceberg. Que hay causas individuales, como traumas y abusos, problemas de salud mental, uso de sustancias, personalidad, etc. Que hay causas sociales: pobreza y desigualdad, falta de educación verdadera y oportunidades, discriminación y racismo, cultura que promueve la violencia. causas económicas: Desempleo, inestabilidad económica. Causas políticas: conflictos políticos, represión, presión de quienes perdieron elecciones anteriores. Etc.
10. Atribuido a Bertolt Brecht, es una cita del pastor Martin Niemöller: "Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre".

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