Ítaca
1
Antier escribí sobre el Caníbal de Atizapán, lo hice con dolor y con pudor, con pena. ¿En qué momento se me tacha de utilizar el caso para provocar morbo? Solo me justifica que escribir ficción se queda muy corto cuando la realidad supera esta, y con creces. Desde que supe del caso, sentí coraje, estupor, terror, impotencia, dolor, sí de imaginar el dolor sentido de las víctimas. Y lo tomo como un alerta. También con esperanza y desesperanza. Con esperanza porque son más, muchos más las personas buenas en la sociedad, y hay que hablar de ellas. Con desesperanza por lo bajo que cae el hombre y el daño físico y emocional que causa. Un depredador, dijo el juez. Y que como ese caso hay muchos, antes, ahora, lamentablemente después. Sin palabras, ante lo bestial. Perdón por dejara un lector o lectora sin palabras. Perdón por la crudeza. Pero es lo que hubo, lo que hay. Y no se pueden tapar esos hechos con un dedo. Nada humano me es ajeno, dijo Publio Terencio en voz de Cremes, personaje de su obra "El enemigo de sí mismo". Vuelta a la página.
2
Hay varios poemas que me mueven en mi interior. Hoy les hablo de Itaca. Su autor, Constantino Cavafis, (Alejandría, 1863-1933), griego. Habla en dicho poema de un viaje y de llegar al lugar objeto de sus andanzas. Como esa expectativa que se tiene de recorrer el camino para alcanzar la felicidad, y llegada a este sitio, exclusivo y anhelado, nos encontramos con un vacío, un páramo, lugar "pobre"; breña de lo que fue.
3
Y precisamente por eso aconseja disfrutar el trayecto, el viaje mismo en sí, para disfritar de lugares, recorrer calles, entrar a mercados, sentir en la piel lo suave de las telas, oler los sensuales perfumes, mirar la variedad en la gama de colores, incluyendo los negro y lo blanco con sus matices gradados en gris. Luego de esas experiencias sutiles de la carne y el fulgor de los sentidos en el renacimiento constante, podrá saber se lo que significa la vida, las Ítacas.
4
"Cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias...", así empieza. Cavafis era un oficinista que se pasaba las tardes en el muelle o en la cantina. Observaba y adelantaba el acercamiento con los otros siempre de manera prudente, y luego sintiendo culpa. Conciente de lo fugaz de la vida, concentra sus temas poéticos en la historia relacionada con lo cotidiano. Aquí un personaje histórico, allí un muchacho fornido a quien mira de soslayo o directo.
5
Por lo mismo en el poema Ítaca plantea el disfrute de los instantes, como acaso él lo pretendía, y a veces lo lograba. Y que inclusive, los atavismos que nos controlan, y nos limitan, se encuentran solo dentro del interior, si acaso existen, no en el exterior que sin duda nos paraliza para impedir del goce de la vida: "... ni a los lestrigones ni a los cíclopes, ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti..."
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Pasamos la vida o gran parte de ella esperando que nos suceda algo importante, que nos caiga el maná del cielo, o arribemos a El Dorado sin entregar la vida misma en cada paso, sin mirar la sonrisa a la vuelta de la esquina, sin detenernos en el rostro que nos guiña, porque vamos en ruta a la felicidad permanente, engaño vil, que nos hace perder el tiempo en luminosidades que nunca llegan.
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Allí estaba en el mercado el conjunto de frutas, para seleccionar, durazno, guayaba, y antes de comerla olerla y sentir lo suave de su exterior, para entrar al interior y disfrutarla con fruición, con algarabía, como momento de ensueño. Solo que pasamos de largo para llegar al comedor y pedir la comida predilecta, y sin disfrutarla, comer por hambre, dejando de lado las mil y una imágenes que nos brinda ese espacio, rostros, caminar sensuales, guiño de ojo que crea y recrea el mejor de los mundos.
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Ya echados a la vida, desnudos y sin mayor asidero que los brincos del corazón, surcar la sangre por las venas, y tomar del aire lo que le conviene, además del nutriente de los alimentos, como todo animalito del monte en la tierra, además tardamos en descubrir que estamos cubiertos de sueños y anhelos, y es allí, en ese otro asidero, inasible, e incorpóreo, que se justifica la vida humana, construyendo utopías, perseguidos por perros de caza, y mirando arriba para ver si encontramos la señal que nos muestre el camino de la comprensión total del inabarcable universo.
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Preciso por eso detenernos a mirar más allá del hambre y del sueño, más allá de las prisas y las rutinas cotidianas. Algo más hay para el hombre, festín de las ideas y de las metáforas, que no solo de pan vive el hombre. Y la reproducción física requiere reproducción de ideas, estandarte verdadero del ser humano.
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"...Pide que el camino sea largo./ Que muchas sean las mañanas de verano/ en que llegues -¡con qué placer y alegría!-/ a puertos nunca vistos antes./ Detente en los emporios de Fenicia/y hazte con hermosas mercancías,/ nácar y coral, ámbar y ébano/ y toda suerte de perfumes sensuales,/ cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas./ Ve a muchas ciudades egipcias/ a aprender, a aprender de sus sabios./ Ten siempre a Ítaca en tu mente./ Llegar allí es tu destino./ Mas no apresures nunca el viaje./ Mejor que dure muchos años/ y atracar, viejo ya, en la isla,/ enriquecido de cuanto ganaste en el camino/ sin aguardar a que Ítaca te enriquezca...
11
...Ítaca te brindó tan hermoso viaje./ Sin ella no habrías emprendido el camino./ Pero no tiene ya nada que darte./ Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado./ Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,/ entenderás ya qué significan las Ítacas."
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