Y nada más
1
No hay nada más. amanece y está ante nosotros el día. Y es un día más. Un lapso para andar y divagar. En el caso de los jubilados sin horario o actividad fija. ¿Un café? Viene bien. Y la charla interminable para arreglar el mundo. Y terminar dicho café dos horas después ahítos de la palabra, de los retruécanos del olvido y la memoria. Y a otra cosa mariposa.
2
No hay nada más: un día que amanece despejado. El ruido del trajinar diario de quienes acuden a su trabajo; un saludo efusivo o distante. Otro sorbo de café. Los planes para las siguientes horas que se van haciendo con harina como si la meta por hacer lo mejor posible es el pan, tantocomo alimento del alma como del cuerpo. Y no hay manera de echarse para atrás. Ni de habitar el segundo anterior ni arribar a la cueva de los primeros hombres. Ni al amor de antier o ayer. Y solo nos queda abrazar recuerdos. Tantas personas han muerto. Han pasado a radicar en e corazón y la memoria. Y ya.
3
Me ocupo de las cosas sencillas. De las banales. De lo vano. De lo que hacemos a diario. Busco un horario. Hora de entrada por salida. Una órbita dónde recorrer como un rito las vueltas de la vida. Y cada vez que lo logro, se me escapa de nuevo. Tomo café. Me aligera. Y vuelvo a escudriñar. Si se trata de empezar otra vez. Si seguir una rutina. De asirse a algo. Lo que fue. Lo que no será más ya. Y giro en la vuelta de la noria.
4
Hay historias que empiezan así. Como un recoveco o grieta llamando la atención. Un paso en el caminar. Una curiosidad. Un creer en todo o hacer que se cree en todo. Un dejar pasar las señales, como que todo anda igual sea ayer u hoy. Y de pronto t encuentras una moneda (ficticia por supuesto), como una señal para decidir en el camino que se bifurca, como lanzar dicha moneda y saber con solo el azar en la caída a cara o cruz. Y seguir lo mismo por un lado u otro.
5
Y nada más. No tiene mayor misterio el empezar el día. Solo que hay que transitarlo. Com cuando entraste a un callejón de salid. Y viste peligro desde la entrada y tienes que regresarte por donde mismo. Con la cola entre las patas, que es un decir. Y saludar y reír como si nada. O cuando llegas a un precipicio. Y no hay vuelta atrás. El día está allí. Llamaste y la linea es equivocada. O es el número correcto. Y llamas y nadie contesta o peor, cortan al primer o segundo timbrazo. Y no queda de otra. Es el precipicio y junto a ello, la nada. Y es la espera.
6
Te despiertas en la madrugada. Y el pensamiento entra a zonas conocidas. A los mismos sitios donde nada sabes de lo de ayer o antier. Y buscas explicaciones. Y elaboras hipótesis. Lo mismo una que diez posibilidades. Todas ellas lógicas y con posibilidades. EL silencio de la noche confabula junto con la oscuridad. No hay para dónde hacerse. El pensamiento salta como ranita herbórea de un tema a otro, como mono araña, de una rama a otra, de un árbol a otro. Y haces el esfuerzo de dormir. De buscar una palabra, un tema por escribir. Y regresa al modo de atasco entre la nada y el todo. No hay explicaciones. No se quiere ver la realidad.
7
No te distraes por nada. Ni el libro al que avanzas dos o tres páginas. No esperas al fin de un capítulo. Lo cierras. Ni escarbar la tierra para una nueva planta. Hay muchos asuntos caseros por resolver que se han ido acumulando: pintura, polvo, ramas por todos lados para la poda, el goteo del grifo en el lavabo como una lágrima cotidiana, llamar al herrero y al del clima, buscar insectos y hacer la lista de ellos, buscar su nombre científico, y ver cuáles forman parte de la fauna dañina y cuáles te ayudan en la cadena alimenticia. No hay mucho más.
8
Sabes que en tres, cuatro horas amanecerá y verás todo distinto. Así ha sido siempre. Nunca ha sido insomnio. Es un despertar en gracia con la madrugada como escenario. Y recordar los últimos sorbos gratos del café. Cada uno de los modos de tiempo y circunstancia. Y la risa recordada, las palabras dichas, las miradas en plenitud encontradas de cerca. Esos despertares son gratos porque vuelve uno a vivir las emociones de los días pasados. Muy diferentes a estos cuando no hay palabra que valga. Y tratar de hacerse el escurridizo. Y brincar de un tema a otro, y el pensamiento terco que vuelve al punto de inicio. No hay anda más.
9
Las mismas preguntas de siempre. Las mismas canciones de siempre. Las mismas ideas de siempre. Los mismos rostros. Y el tiempo, martirulogio de la vida. No hay poemas ni justificaciones que valgan. Solo dar pasos hacia adelante. Esta película ya la he vivido antes. Me recuerda a algo a alguien. Aquel libro dedicado. Un color especial. El rito de los encuentros como descubrir el mundo. Como saber que el paraíso existe. Como elevarte a los veinte mil metros de altura y caer sin las facultades del gato que siempre cae parado, indemne y altivo y sigue su camino. Metafóricamente caer es empezar de nuevo. Y hoy puede ser un gran día, es el planteamiento.
10
Y nada más. Dice la canción: "Ahora me parece/ que hubiera vivido/ un caudal de siglos/ por viejos caminos./ No hay nada aquí: Sólo unos días que se aprestan a pasar,/ sólo una tarde en que se puede respirar/ un diminuto instante inmenso en el vivir. / Después mirar la realidad y nada más." Y efectivamente: nada más
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