Testamentos

Testamentos

1
A sus nietos dijo Doña Cata en su lecho de enferma terminal: "Esta es mi última voluntad: quiero que cuando yo muera, manden hacer una escultura de un pene de gran tamaño, y sobre mi tumba lo instalen o un lado, cualesquiera que sea, por el espacio disponible que haya" ¡Pero abuela! "Nada de peros, hijos de la chingada. Esa es mi última voluntad". Los nietos se guiñaron un ojo, como señal de seguirle la corriente. En eso entró el sacerdote. Le dio los Santos óleos. Y luego a esperar.

2
Tardó en morirse, Doña Cata,  la moribunda, tres meses. El velorio fue de lo más normal. Y el entierro lo mismo. Los familiares vieron personas que nunca habían visto. Algunos a llorar. Los nietos recordaban su última voluntad pero por ningún momento les pasó por la cabeza hacerle caso. Total, ya de muerta nadie iba  a reclamarles el no cumplimiento. Solo que...

3
Una semana después, ante el Notario que tenía radicado el testamento, los nietos y otras personas,  un total de setenta, no, menos uno,  estaban atentos a su lectura. Escucharon con agrado la larga lista de bienes, entre casas y terrenos baldíos dispersados por toda la ciudad y sus alrededores, dos o tres bares, a cada uno algo, y de gran valor, por supuesto. Solo que había una cláusula condicional: ..."todo esto será repartido de manera legal solo cuando hayan cumplido mi última voluntad, la cual ellos ya la saben y el Notario también".

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Y ni modo. Se interrumpió la sesión de lectura de la asignación de bienes, luego de que el Notario preguntó si la habían cumplido. La respuesta fue un "No" lastimero a coro. Salieron casi como en estampida. Buscaron a Don Higinio, el paletero, que sabían, en sus ratos libres fundía metales para hacer esculturas como hobby. Le expusieron el caso. De tres metros y medio. Les dio el precio, que fue simbólico, pues era muy amigo de la difunta Cata. Y los días que tardaría. Y efectivamente a los dos meses y medio pasaron por la escultura colosal. Para ello llevaban un remolque arrastrado por tres caballos y 7na gran lona para cubrirlo de miradas indiscretas de pueblo y burlonas. Y lo encaramaron, enhiesto.

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El paletero Don Higinio, que era conocido y amigo de muchos años de Doña Cata, les dijo que no, que no debería de ir cubierto el pene, que Doña Cata le había dicho burlona, que atravesara la ciudad exponiendolo, como un acto doble de justicia: reconocimiento al pene como obra artística y a Don Higinio como artista, siempre menospreciado como el vendedor de paletas. Y así vieron el desfile, detrás de ellos los nietos y familiares que en total de 69 exactos, ni uno más, ni menos, iban atrás de la obra, como una exhibición en movimiento. Y fue trasladado al panteón donde por su tamaño y posición se alcanza a ver desde la entrada del panteón municipal.  

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Entre dientes algunos de los parientes interesados farfullan: no era mala, era traviesa la abuela Cata. Y colorín colorado, los herederos a disfrutar de sus bienes, gracias a la escultura, deseo cumplido de moribunda en nostalgia.

7
Pasando a otra noticia. Ucrania en guerra contra Rusia. Y su presidente Zelensky con su esposa modelan para la revista Vogue. De escenario, para la buena foto en sus contrastes, los escombros de la guerra. Ella, guapa, a la última moda, prendas de diseñador, alta costura. Él, mirando al futuro de triunfo, que se tarda en llegar, a costos de sangre y destrucción. Las fotos para la historia.

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La portada es de las clásicas de la revista, filial en Ucrania. Olena Zelenska posa sentada en la escalera de marmolina de un edificio. Se mira una columna, paredes ocre. Ella de pantalón negro en tubo. Y blusa en beige arremangada, como dispuesta a la pose y al trabajo que le corresponde en la guerra, atender heridos, y huérfanos, llevar alimentos. Su mirada es directa a quienes miran la portada, como apelando a la conciencia. Y en otra de las fotos, se ve a ambos, él la abraza como protegiéndola de las balas y misiles, que no de las miradas. El fondo es azul rey, ella con un elegante vestido azul marino, él de un verde oliva, colores simbólicos de luto y del ejército. Quieren que les recuerden bien. Como dejad sus imágenes de moda y guerra como bienes en su testamento.

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Ucrania es el país de mi amigo, gran poeta y artista plástico, Igor Potovski, y de la pianista, compositora, Ludmila Samodaeva. Y Ucrania tiene al poeta nacional Taras Shevchenko (1814-1861), cuya vida fue aferrarse fiel y leal a la literatura de combate, crítica y reflexiva, bella, por lo cual siempre era enviado a prisión, hasta recluirlo en la misma Siberia, destino de quienes desafían los criterios del régimen totalitario. Todo poder es totalitario - a veces blando- mientras no demuestre lo contrario. Por lo mismo murió joven este poeta, a los 47 años, debilitado por las constantes reclusiones, solo que nunca se rindió. Aún que tenía prohibido leer y escribir en la prisión, siempre burlaba (o era tolerado por sus guardianes directos) y se dice que escondía sus poemas y otros escritos en las botas para no ser descubierto he aquí su poema "Testamento":

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"Cuando muera, enterradme/ en una tumba alta,/ en medio de la estepa/ de mi adorada Ucrania./ ¡Así yo podré ver los campos anchurosos,/ el Dnipró, sus represas agitadas,/ y podré oír también/ cómo braman sus aguas!/ Y cuando el río arrastre atravesando Ucrania/ hasta la mar azul/ tanta sangre adversaria,/ entonces dejaré los campos y los montes/ y volaré hacia Dios/ a alzarle mi plegaria,/pero hasta que ello llegue/  mientras tanto/ de Dios no sabré nada …/ ¡A mí, enterradme. /Mas de pie vosotros,/ las cadenas que os atan quebrantad,/ y con la impura sangre derramada/ la Libertad sagrada salpicad!/ ¡Y ya en familia inmensa,/ familia libre y nueva,/ no olvidéis recordarme/ con una palabra buena!".

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