La sombra del caudillo
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En política nadie le cree a los otros, sobretodo en los temas de democracia y justicia social. Se simula que se le cree, eso sí. Se le abraza, se le aplaude, se le apapacha al candidato, este es recíproco, sonriente y dadivoso, prometedor, y cuando llega la elección cada quien emite su voto, otros se quedan en casa, gane o pierda, a partir de allí, cambia la situación rotundamente. Al ganador se le busca, se le sigue, te escucha, resuelve algo secundario, y las promesas de democracia y justicia social, quedan en el limbo para mejores ocasiones, discursos de las siguientes elecciones. Ojo. No es que no existan quienes realmente luchen por la Democracia y los pobres. Pocos, muy pocos, pero hay. Solo que no se les cree.
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Bueno por todo ello será en estos días, por las próximos elecciones del 2024 para la presidencia de la república y gubernatura del estado en Tabasco, mirar la película "La sombra del caudillo" (1960, director Julio Bracho), basada en la novela homónima de Martín Luis Guzmán, o en todo caso, con más paciencia, leer esta. Sí señor, "La sombra del caudillo", sin alusión alguna, más que al hecho mismo de conocer de las vicisitudes y peripecias de la política tanto en China como en San Juan de los Palotes.
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Viene la sucesión de Álvaro Obregón, y hay dos ministros encausados visiblemente a sucederlo. El de Gobernación, Hilario Jiménez (Ignacio López Tarso), quien evidentemente es el preferido del presidente saliente y el ministro del Ejército, Ignacio Aguirre (Víctor Junco) , quien tiene amplio respaldo popular. Y ellos y toda la clases política lo saben. El Partido en el poder, que tiene el sentir del pueblo realiza las asambleas estatales y regionales con todos la propaganda a favor del candidato popular, el ministro del ejército. Y todo parece bien, solo que...
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Solo que este, el poderosísimo Ministro de la guerra, el héroe de las batallas, el aclamado, el salvador, el hábil e inteligente estratega, no es el favorito del presidente a suceder, y lo sabe. Y tan lo sabe que también sabe que el favorito es el Ministro de Gobernación y acude con él a ofrecerle su respaldo. Se lo dice francamente y mirándole a los ojos.
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"Sé que tú estás en el ánimo del señor presidente, y por tanto sé que tú serás el candidato y próximo presidente y vengo a ofrecerte todo mi apoyo". El Ministro de Gobernación lo escucha serio, atento y con parsimonia. Y le responde: "No se diga más. Si es así, es muy fácil, ahorita que salgas de la oficina te estarán esperando los periodistas para que tu posición de apoyo hacia mí la hagas pública y el pueblo lo sepa". El Ministro del Ejército se resiste le responde, sabe lo que se juega: "Lo haré solamente si me lo pide el Señor presidente". El de Gobernación le aclara, viéndolo con mirada de espada: "El señor presidente no te la va a pedir jamás".
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Se despiden con un fuerte apretón de manos. Ambos indignados, aunque sonrientes. A las pocos minutos que sale, el Ministro del ejército se entera que ha sido reemplazado. Se reúne con sus más cercanos colaboradores y sabe que su vida pende de un hilo, del hilo del poder entre Gobernación y la presidencia de la república. Acuerda entonces dirigirse a Morelos, donde está al mando del regimiento militar un general muy amigo, casi hermano suyo, para protegerse dentro de las instalaciones militares. Se dirigen hacia allá un puñado de sus seguidores con él.
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Llega a Morelos y se dirige al regimiento militar donde es recibido con honores, con los afectos reales de la amistad sin duda alguna, sin dobleces. De hecho están en un convivio, e invitan al convivio al ex Ministro de guerra y a sus acompañantes. Comida y vino, ¡sí señor!, algarabía sincera que la amistad es la amistad y la política es la política, cosas muy distintas. En eso están, en la algarabía del encuentro cuando...
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Suena el teléfono. Llamada desde México para el jefe del regimiento militar de Morelos. Escucha y habla:"Sí señor, sí señor, sí señor". Su rostro no se inmuta. Sigue sonriendo, solo que esta ha cambiado y ahora es una sonrisa de metal, de teatro, de política. Le dice a su amigo, el defenestrado y por tanto en ese momento ex Ministro de guerra, al caído en desgracia, al político con gran apoyo popular, al que quiere el pueblo: "Me hablan de México, de parte del señor presidente. Me ordenan decirte que te traslades inmediatamente a Palacio Nacional, quieren hablar contigo. Me han pedido que te acompañe una escolta leal, de "mis muchachos". Y en ese momento lo desarman lo mismo que a sus ayudantes. Y lo trasladan "rumbo" a la Ciudad de México, la de los palacios coloniales.
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Y porque el destino es inescrutable y se cumple, aquí hago un paréntesis recordando a "Edipo rey", obra trágica d griego Sófocles. Cuando Edipo nace, sus padres lo llevan al oráculo de Delfos, donde le predicen su futuro: "este niño matará a su padre y compartirá tálamo (cama) nupcial con su madre". Horrorizados sus padres mandan a un leal sirviente a abandonarlo en lo alto de la montaña para que sea devorado por los animales nocturnos. Este se compadece y lo regala a un una pareja montañesa que no tiene hijos. Y pasan los años. Y el destino se cumple: mata a su padre sin saber que lo era, y la tradición es que la viuda cohabite con el que mata al marido. Muerto el rey, viva el rey.
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Volviendo a la "Sombra del caudillo": realizan el viaje solo que precisamente en Hutzilac, Morelos, el 3 de octubre de 1927, eran esperados por orden de mero arriba, por un grupo de matones, quienes los asesinaron a mansalva, entre ellos al general Ignacio Aguirre (que en la vida real era el general Francisco Serrano) y sus acompañantes, entre ellos el humanguillense, fino orador al que llamaban Lengua de plata, Rafael Martínesz De Escobar. Precisamente en La sombra del caudillo, su autor Martín Luis Guzmán, relata, mediante la ficción, un hecho histórico, relevante para la historia de México. Solo que al desnudar móviles y sugerir personajes, la película fue enlatada por muchos años, a petición del ejército por considerar que "denigraba a la revolución y al ejército", hasta que a principios de los años 90 fue autorizada su exhibición pública.
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Para quienes poco sabemos de historia, los personajes de la novela y película representan en todo caso a como se relaciona enseguida: Hilario Jiménez, el ministro de Gobernación, a Plutarco Elías Calles; Ignacio Aguirre, el Ministro de Guerra, Francisco Serrano. Y en el papel del presidente, la figura de Álvaro Obregón. Por tanto, aunque nunca se sabe históricamente de dónde vino la orden para asesinar a Francisco Serrano, se considera y alude que fue (no que pudo o podría ser) un acuerdo entre Calles y Obregón.
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