Microscopio, rana y renacuajos

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Dijo Borges el perfecto en sus obras, que el libro es el mejor invento del hombre. Lo dice él. Yo aquí me refiero al microscopio y telescopio, sobretodo en la noticia de ayer acompañada de fotos de la parte más lejana tomada por el mega telescopio Webbs. Hasta dónde vamos a llegar.

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El domingo pasado moví una piedra en el patio de la casa de campo (techo de zinc). En la parte de atrás, por donde está el tamarindo. Y en esa piedra estaba una ranita muy pequeña. De unos diez gramos. De un centímetro y medio cuando mucho. Se asustó y dio un salto y luego otro para huir del monstruo al acecho. Otros saltos y me acordé de uno de los versos de Walt Whitman: "...y que la rana arbórea es uno de los más altos diseños celestes en su salto..."

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El microscopio lo conocí en secundaria. Para asomarse a lo pequeño, nos dijo el maestro Botello. Lo que no alcanzamos a ver a simple vista. Y nos ponía a asomarnos a una hoja, a una gota de café, a una gota de sudor, de sangre, una de agua de los charcos.

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"Muchachos y muchachas, llegó el día de mirar renacuajos, pero otro tipo de renacuajos", nos dijo. Yo imaginaba de esos que crecen en los charcos, aunque sí. Y agregó: "necesito dos voluntarios que vayan al sanitario, se la jalen y en esta lámina traigan una gota de lo que resulte. Todos rieron. Yo no sé qué es eso, dijo uno. Y todos rieron mucho más, a la expectativa de ver las manos por levantarse. Las muchachas nos miraban curiosas a ver quien era el valiente voluntario.

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Finalmente Hinojosa, Berriozábal y el primo de un amigo levantaron la mano, salieron entre el cuchicheo de las muchachas y la sorpresa ante los demás compañeros, el murmullo de todos. Y a los cinco minutos regresaron con una gota cada uno en las laminadas de muestra. Y luego ordenadamente fuimos pasando de uno en uno a asomarnos a ver a esos renacuajos del origen nuestro.

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Ese día las mujeres miraban a los intrépidos de otra manera, quizá por la valentía y la seguridad de que en caso necesario del empuje de la naturaleza, eran fértiles para el llamado de la defensa de la especie. Nosotros los mirábamos con celos, arrepentidos de no haber tenido el valor iracundo de hacer lo que hacíamos en privado con pena y vergüenza.

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El microscopio nos había acercado a lo que jamás podremos ver de manera natural. A una aproximación de mil veces más pequeña la parte más minúscula de una oruga, de una hoja, y de una gota del germen de vida humano. El espermatozoide. Claro. Fue tema y risa de varios días. Y ni nos dijeron que no lo contáramos a nuestros padres. Y yo no lo conté tampoco, por supuesto.

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Solo que ahora la noticia de ayer es la foto enviada por el telescopio Webbs que el año pasado fue puesto en marcha  y es el más poderoso de la humanidad, que puede ver y tomar imágenes del más allá, por decirlo de esa manera: digamos a 13 mil  200 millones de años luz. Una barbaridad de distancia. Rompió el récord de los 13 mil millones, dijeron. Y muestran unas fotos no sé si ilustrativa o reales de puntos brillantes parecidos a los efectos de una aplicación  de fotografía que pone estrellas a los rostros y paisajes. Y he aquí el detalle: si el universo tiene apenas 13 mil 800 millones de años, entonces será como si estuviéramos acercándonos vertiginosamente a ver fotografías del origen del universo. Así de sencillo y altamente complejo a la vez

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Ya solo recibir la luz de esa estrella que le llaman sol es una manera de percibir la lejanía. Y claro, más cerca mirar la luna es algo que nos gusta por lo simbólico que le hemos asignado. Pero ya son palabras mayores la distancia qué capta el nuevo telescopio.

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Y nos preocupamos, odiamos, tenemos sed de venganza, y con todo ello dilapidamos el único tiempo nuestro que bien podríamos ocuparlo en menesteres mejores. Y todo ello aparte de que esos sentimientos negativos nos enferman, nos quitan motivos de alegría y nos crean estrés, ansias y depresión. Nada hay mejor que un verso, un beso, un abrazo, un buen café, para aprovechar la vida, que ante las distancias en la magnitud de lo grande del universo (y lejano) apenas somos una insignificancia. La nada, pues.

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Díga usted si no. Recordando a Walt Whitman:  "... creo que una hoja de hierba no es inferior al curso trazado por las estrellas,/ Y la hormiga es igualmente perfecta/, y así un grano de arena y el huevo del abadejo,/ Y que la rana arbórea es una obra maestra digna de los más altos diseños celestes,/Y que la zarzamora podría adornar las estancias del cielo,/ Y que la articulación más insignificante de mi mano/ podría humillar a todas las máquinas./ Y que la vaca paciendo cabizbaja supera a todas las estatuas,/ Y que un ratón es milagro suficiente para confundir a millones de infieles..."


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