Naturaleza bella

1

Un gato amarillo con blanco se asoma por mi ventana y me mira frente a esta máquina. Se queda detenido como si pudiera lo mismo detener mi tiempo. Maúlla luego y se va, en ese caminar altivo de felino. Luego de unos minutos pasa de nuevo, ya sin asomarse a la ventana, ignorándome completamente.
2
Cada mañana me fijo bajo del auto para ver si se encuentra Oso, el perro blanco callejero, donde tiene su refugio, quizá por lo fresco. Él sabe que es para avisarle que voy a mover el auto. Sale y se echa a unos metros de donde estaba. Y así cada vez que voy a mover el auto. Él y yo nos entendemos.
3
En una esquina del patio de la casa hay un hormiguero. Ya tiene años. Vivimos en completa armonía y concordia. Las primeras veces le echaba agua caliente, lo confieso, luego en meses, volvían a hacer su ciudad bien planeada con forma de volcán bajo, con sus interiores en laberinto. Hasta que soñé una ocasión a una hormiga hablarme al oído, "Le amo", me dijo entre susurro y gemido. Desde entonces ese lugar de las hormigas es sagrado. Cada tres días pongo sobre ese volcán apagado, pero con vida, una pieza de pan, que en cuatro o cinco horas la desaparecen.
4
Una salamandra de monte tiene su habitat en otra parte del patio un pequeño jardín de casa social, por lo tanto minúsculo. Allí tengo una compota, de donde alimento las tres plantas de maceta. Siempre camina a sus anchas en ese espacio. cada vez que salgo, me mira y la miro. Como ya nos conocemos, salvo para llamar su atención. Y ella se me queda viendo, escuchándome. Ya me dijeron que está atenta para ver si soy depredador (que todos lo somos), pero me da por imaginar que le gusta el sonido que emito.
5
Una vez soñé que llegó a mi casa una llama. Y le pregunté (en el sueño, aclaro): ¿cómo te llamas? Y sonriendo me respondió: me llamo Llama. ¿Y tú como te llamas? Toño, me llamo Toño. Eran tiempos de la flama, cuando esperaba la llamada de Dios. Y me dije: ese sueño es la llamada.
6
El alacrán vio al hombre desnudo. Y se le subió. El hombre sintió terror y quedó inmóvil. Sabía que cualquier movimiento de él haría reaccionar al animal picándolo e inyectado su mortal veneno. Además era durangueño, de los del veneno más eficaz. Así que el hombre inmóvil vio cómo de su ombligo bajó a su virilidad, y el alacrán hizo movimientos de arriba abajo con sus tenazas. Y el hombre con miedo no se movía. Luego de unos dos minutos, el alacrán terminó, el hombre sintió el placer venturoso, y sin moverse sintió como pasaba de nuevo por su ombligo, su pecho, su cuello y llegó hasta su oído, se detuvo unos instante y luego se fue. Esto lo cuenta un amigo. ¿Y te dijo algo?, pregunté de broma, imaginando la respuesta: "son trescientos pesos, buen hombre", contó en invento que le dijo.
7
La paloma anidó en lo alto de una columna de un techo que tengo para sombra fuera de mi casa. Las tardes calurosas ponga la hamaca y la observo en su cu cú constante. Es un sonido agradable todo el día en mi casa. ¿Y ese cu cú?, me pregunta alguna visita. Es la paloma de la casa, respondo. Y sí, allí ha anidado unas tres veces. Silbo yo desde mi hamaca. Ella me voltea a ver. Y responde con su cu cú. El palomo observa desde un alambre dos metros más allá. Luego este se acerca tratando de acomodarse junto a ella en el nido. Pero ella lo rechaza, literalmente le grita enojada y le da dos o tres aletazos. El palomo se regresa a su lugar a dos metros de distancia.
8
Esa escena ya la he visto varias veces. La paloma enojada, del rogando, hace intentos de meterse al nido. Y se repite el sonido semejante a gritos de ella, aletazos, y la huida. Solo que anda un zapatee vigilando que la paloma se ausente para meterse al nido y robar los huevecillos. El palomo se da cuenta y lo ahuyenta persiguiéndolo en un perímetro de unos diez metros. Y regresa a su puesto de vigilancia. La paloma vio cómo correteo (aleteó) al zanate. Le hace señas para que ahora sí. Y es cuando el palomo gustoso se mete al nido. Y se están allí acurrucados, uniendo sus sonidos cu cús muy alegres.
9
Éramos jóvenes, quizá veintiún años. Profes solteros los cuatro, tres días antes de quincena, son dinero. Sábado, 11 am. Acostados oyendo radio leyendo. Héctor estaba en la hamaca de sala. Los otros en los cuartos que bien podríamos llamar recámaras. Cuando entró una confiada y oronda gallina. Héctor trató de correrla con gritos. Y nada. Entonces tomó un zapato y se lo tiró solo para asustarla. Solo que con mal tino le pegó en la cabeza. La gallina cayó. Y sin más remedio la hicimos caldo. Las plumas en la noche las salimos a tirar como a treinta cuadras de la casa. Al día siguiente la vecina preguntaba por su gallina morisca.
10
En el patio de mi casa hay un sapo grande. Allí vive. De día permanece escondido, que si lo buscáramos, no lo encontramos. Por las noches sale a buscar insectos para su alimento. Deja su huella negra fétida por algunos lugares, que hace enojar a una de mis hijas. Antes los expulsaba de su reino. Ahora no. Cuando llueve se escucha su alegría, y recuerdo una lectura del libro de primaria: "el sapito glo, glo". No fiu, fiu.

11
Me asomo al espejo. Ojo alegre que mira a ojos reflejados. Y asimismo te invito a que cuando puedas te asomes al espejo: especie racional, inteligente, depredador de la naturaleza. Entre ellos sobresale y admiro al noble animal poético. Aquí unos versos hoy recordando a la bella Pita Amor: " Dios mío, sé mi pecado,/consiste en verte en concreto;/y tú, el eterno discreto,/por eso me has castigado,/dándome un ser complicado,/que piensa entenderlo todo,/y que jamás halla el modo/de fundir carne con mente,/que pensando con la frente,/ se está pudriendo en el lodo."




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