Como barcos sin brújula ni timón
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Refiero sobre un amigo de la secundaria y Normal. Omito su nombre. Desde 1979 no lo he vuelto a ver. Cuando nos reunimos algunos amigos de esa generación, preguntamos por los ausentes, entre ellos de él. Vecino de colonia. No pues se dice que anda con otro tipo de brújula, para decirlo de una manera suave. Lo queremos mucho y lo seguimos queriendo. Anoche en un grupo que tenemos de Watsap, otro amigo querido comenta que lo visitó. Platicaron. Y nos dice: "se acuerda de algunos, de pocos". Tuvo un accidente el profe en Houston, Tx, y se perdió en el laberinto del recuerdo y no sabe cómo.No se acuerda de mí, aunque yo sí de él. Pero no es él, el único que anda sin horarios, sin preocupaciones, a la deriva, un modo no convencional de ser feliz.
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Finalmente cada quien de nosotros enfrenta la vida a cómo nos ha sido posible, a como nos va en la feria, sin rutas definidas, sin alguien (o con) que nos apadrine en el trayecto, y vamos dando traspiés, a veces por senderos iluminados, y en otros, por caminos oscuros. pero aquí andamos. Yo saludo en este texto mis amigos de la Normal y de secundaria. Me alegra saber de él. Y en lo posible lo he de visitar en mi próxima visita a mi pueblo.
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El fragmento uno, lo escribí después de todo lo siguiente. Así que el tema general del presente no se relaciona específicamente a él, sino a todos como él y como nosotros. Imagino un barco sin brújula. Quizá intentando el capitán enfilarlo hacia rumbos orientados por la posición de las estrellas. Solo que a veces está nublado. Dominan borrascas. Los vientos hacen más difícil la decisión hacia dónde. Y el terco viento lo lleva a encallar, o va enfilado a ningún lugar, sin rumbo, a cualquier parte.
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Pero también lo imagino sin timón. Aunque tuviera brújula, se encuentra a la deriva. No hay manera de llevarlo a puerto. Son los vientos que lo llevan hacia algún lugar. Y bueno digamos que este barco de la imaginación anda sin velamen. Entonces naufraga de aquí para allá. Imagino que hay víveres cada vez menos día a día. Y mientras tanto los marinos junto con el capitán juegan a las cartas, al dominó, a contar cuentos, a añorar la esposa, amiga o novia que dejaron en tierra.
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Imagino al barco lo mismo, sin brújula, sin timón, y sin capitán. ¡Qué cosas! Pero antes que el lector lo relacione con algo que no es, porque no es la intención, ni será, aclaro que me refiero al individuo, al ser humano que no sabe lo que es, lo que representa dentro de una sociedad, que no sabe su misión en la existencia humana fugaz, y tampoco aprendió a conformar la visión de futuro para su vida. Ese es el reto, comprender lo que somos y para qué. Y cómo queremos vernos a mediano y largo plazo.
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Sobretodo porque la sociedad es la suma de todos los individuos, agrupados en familias. Y cada tiempo presente en la historia tuvo su situación particular hasta llegar en sucesivos momentos al presente que le toca vivir a esta generación. Solo que traemos herencia genética y cultural de las generaciones que nos antecedieron. Y cada nueva generación abreva de la anterior y aporta para la escala de lo que posteriormente se llamó civilización. Pero dejémoslo allí, que nunca terminaríamos en esa ruta discursiva hablando de cueva, siervos, esclavismo, obreros, ganancia, Ley del más fuerte, plusvalía, etcétera. Lo que sí destaco a manera de justificación, es que siempre el arte en todas sus manifestaciones estuvo presente. Ah, y la política, en búsqueda del poder, también.
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Solo que para "pensar", siendo facultad innata del ser humano, se requiere una educación del pensamiento, porque este es el que mueve al individuo, y, en la suma, son los pensamientos que mueven a los grupos que conforman la sociedad. Nada se da por generación espontánea, y nada va más lento en la medida del tiempo, que los cambios sociales. De hecho si se quiere llegar a una situación normal de convivencia a la altura del ideal humano, se tienen que seguir procesos educativos planeados a largo y larguísimo plazo. Pero como esto no sucede en la mayoría de los países, muchos de ellos andan a la deriva, sin brújula, sin timón y muchas veces con capitanes mareados y "alegres".
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Es un decir, como explicación con brochazos gruesos, saltarines, de lo que somos. Digo, para comprendernos en lo individual, y en lo social. Lo anterior para no andar ansiosos, desesperados, desequilibrados. Todo tiene su explicació, con base en el comportamiento de cada quien, su forma de expresarse, de mirar las cosas, de discutir, de amar u odiar, su forma de reír o de enojarse muy a menudo, o de andar sin rumbo, en ese trayecto de rutinas entre despertar, comer, asearse (si es que)
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El pensamiento es el capitán de uno mismo. La ruta, la define la experiencia y la expectativa que tenemos en la vida y el concepto de felicidad. La brújula nos permite orientarnos en el laberinto de la vida. Y esta es el sentido común desarrollado en lo diario, en la lógica de nuestra vida (el hombre es él y sus circunstancias, dijo Ortega y Gasset), con las prácticas, las relaciones, las lecturas, los conceptos aprendidos.
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El timón es la fuerza de nuestro ser, seguros de lo que queremos. Solo que el capitán necesita la brújula que nos indica el Norte. Y se necesita al capitán (pensamiento) diestro para acometer el presente y el futuro. Hay diversos capitanes enjundiosos o sumisos. Hay capitanes pendencieros y corsarios. Hay los capitanes que buscan valores, y solidarios navegan sonriendo y cantando canciones de pirata cojos, con su loro al hombro y su pata de palo.
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¿Y donde queda el amor y la amistad? Precisamente las vibraciones de cada quien hacen que nos vayamos encontrando en la vida con personas que vibran en la misma frecuencia y sentido que nosotros. Esta no es una explicación digamos científica, no de mi parte. Sino que al coincidir en gustos, aficiones, preferencias, nos mueven los mismos temas en reflexión y a sonrisas, miramos hacia el mismo o parecido sentido, nos sentimos interesados a mirar un poco a nuestro interior y ver más allá de las "narices", y andamos tratando de ver aún más allá de lo visible, y más pequeño de lo visible, entonces el universo conspira (es otro decir) para que en esas coincidencias nos centremos para tomar un café, y reírnos como locos con la vida, no de la vida.
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Ayer platicaba con un amigo, Ave Fénix. Coincidimos en la necesidad de reinventarnos cuando sea necesario o urgente; la necesidad de tener brújula para orientarnos en la oscuridad, ser firme en los marismas y vientos huracanados y tener y compartir una visión de futuro para saber hacia dónde encaminamos nuestros pasos. Y junto a ello o imprescindible, la importancia de ser leales a nuestros principios. Y coincidimos que la paz y tranquilidad son rostros y esencias de la felicidad. ¿Qué temas, eh?
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