Yo y el otro
1
A veces siento que me desdoblo y miro a otro que hace lo que yo hago. Miro sus rutinas diarias, su vida con anhelos y sueños. Otro que carga las rutinas y el vacío de los días. Y yo lo dejo hacer sus cosas sin interrumpirlo, sin inquietarlo. Y me alejo de él y me voy a recorrer caminos. No es asuntos de hermanos gemelos, ni de primos hermanos. Ni que yo sea otro y el otro sea yo mismo y no él. Me sucede.
2
No sé si le pase a alguien más, también. No importa de la forma como lo percibe. A veces de manera tan simple: nos asomamos al espejo y empezamos a hablar con nosotros mismos. "Qué tal", nos decimos, como si realmente fuéramos otros. Y a veces nos contestamos. "Aquí paasándola, tropezando con la misma piedra". O "vas bien, hombre, vas bien, adelante". Y luego nos reímos de nosotros mismos. Es decir: no me estoy riendo con alguien, o sea que ese alguien su burla de nosotros con la misma cara de uno.
3
En los sueños sucede más. Y eso quizá sea común. para mí lo es. Me miro en los sueños haciendo algo que jamás en la vida real lo haría. Pero como que es otra realidad, porque para comprobarlo me pellizco y me duele, sudo ante situaciones específicas, y me atrevo a decir y hacer cosas que en la realidad no haría. Aunque de cierto es otra realidad.
4
Pero el otro me ayuda. Nos dividimos las actividades. La carga es de él, al que todos miran. Tiene un horario. Acude puntual lo más posible a su trabajo. Saluda con sombrero propio. Guiña a sabiendas de las probabilidades junto con la risa. Y carga con los impuestos y el pago de los créditos. Lo veo. Y me digo. que bueno poder ser dos a la vez. Y este resuelva en lo cotidiano lo que a mí me causaría estrés. Es con ellos con quienes los demás platican. Es él quien abraza y besa. Yo soy el otro. El que camina solitario. Va a los parques. Entra a las iglesias en silencio para admirar lo que hay adentro, mirar los rostros de los desvalidos que llegan a buscar consuelo y refugio.
5
El otro es el que trata de escribir. Para muestra hay un botón. Yo soy el que quiere escribir, pero prefiero vivir la vida en plenitud, con posibilidades de asomarme más allá de lo que existe. El otro duerme, mientras yo soy el que sueña. El otro gana. Yo ahorro. Yo pierdo. Yo soy el que lo consuela. Y en ocasiones cuando triunfa, me da las gracias, porque me dice ante el espejo que agradece mi apoyo.
6
El otro trata de irse y se va de vacaciones, Y a mí me deja recorriendo la misma ciudad de siempre. Miro las fábricas. Las calles atestadas de autos. Los supermercados con un montón de mercancías. Y el otro se larga a recorrer caminos, veredas, carreteras. de pronto me mata postales de flores y gatos, altos edificios, casas humildes, rostros curtidos. Toma fotos de coloridas frutas, de vistosas y raras floras. Me las manda. Y yo abrumado entre papeles, doy gracias porque él existe. Acudo a la cantina. Tomo una cerveza. Luego otra. Y las brindo a la salud del otro, del que goza la vida, del que imagina, pero no escribe. Yo hago en lo posible de escribir. Solo que me quedan textos como si fuera él, y a veces como si fuera yo. Y me confundo.
7
Lo mismo me pasaba en la infancia, luego en la juventud. Yo y el otro. Entre el que ponía atención en las clases, Y el que se escapaba. me causaba extrañeza andar afuera del salino. Y me asomaba a la ventana. Y él estaba allí atento. Cosa curiosa cuando un profe me expulsó. Y yo desde la ventana buscaba al otro, al que siempre estaba atento. No lo pude encontrar y me hice pasar por él. Hasta que de nuevo volvimos a encontrarnos. Cuando la primera novia era yo el que hablaba o callaba. Y quería que el otro viviera en mi auxilio. Porque el tiene la gracia, el de los temas, el que hace reír. ¿Y cómo voy a reír yo entre tantos papeles. Nos ayuda a veces intercambiar papeles, para comprendernos mejor.
8
A veces siento que me estoy volviendo loco. No lo cuento a cualquiera. Ni a los de confianza. Solo que a veces los amifgos se me quedan viendo, como si vieran al otro, y cambio de plática, porque esperan al que debate, al que trata de imponerse, y está el callado, el que asiente. Y a veces es al contrario. Depende del ánimo de los demás, o de lo receptivos que anden. Uno u otro es lo mismo, solo que a veces sí, y a veces no.
9
Temo equivocarme. No es asunto de personalidades con nombres distintos. No es asunto de almas diferentes. Es asunto quizá de imaginar que existe el otro. Es decir yo. Es decir él. No pasa nada si no lo digo. No pasa nada si es mentira o verdad. Sea creíble o increíble. EL caso es que yo estoy aquí, "
10
Él no sé. Pero "...Yo sueño que estoy aquí,/ destas prisiones cargado;/ y soñé que en otro estado/ más lisonjero me vi./¿Qué es la vida? Un frenesí./ ¿Qué es la vida? Una ilusión, /una sombra, una ficción,/ y el mayor bien es pequeño;/ que toda la vida es sueño,/y los sueños, sueños son." (De La vida es sueño, de Pedro Calderón De la Barca).
11
"No me avisaste que andas por acá", me acaba de reclamar filialmente mi hermana Rosa. Y le digo que no ando por allá (Matamoros, mi pueblo querido). Que aún estoy en Villahermosa. Dice que ayer me vieron caminar por Matamoros. Que una amiga mía me saludó. Que quedé de enseñarle la ciudad hoy domingo. Y yo me quedo perplejo desde acá. No me he podido escapar. Pero de cierto es el otro, el viajero, el bohemio el que anda por allá. Lo que aquí he contado es verdad. Luego les cuento más.
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