Qué escribir, el reto
1
A veces no tengo tema para el día, habiendo tantos posibles. Trato de no repetirme. Y en caso de que ya lo haya tratado antes, le busco otro enfoque. Además confío en que no lo haya leído el lector de hoy. O en todo caso, que haya olvidado que escribí y leyó de determinado tema. Escribe usted mucho, "un pergamino", dijo alguien una vez sobre la extensión. Es ejercicio diario, fue mi respuesta. Aunque trato de no responder. O más bien, no respondí. En efecto, desde hace dos años aproximadamente escribo a diario con una extensión de aproximadamente tres cuartillas y media. A veces me quedan mal, y otras veces igual... o peor. me doy cuenta como lector. Solo ocasionalmente me queda algo rescatable. Y por ese algo es que escribo todos los días.
2
Creo en algo que se llama inspiración o musas. Es formidable, porque el tema vino y radica ya en la cabeza. Y solo basta invocarlo. Y en esos momentos de inspiración todas las palabras fluyen de manera fácil. Y en quince o veinte minutos queda listo, apenas con alguna corrección. Al volverlo a leer me doy cuenta que algo hay de bueno. Eso sucede ocasionalmente. Muy ocasionalmente. Y me someto. En otras ocasiones me quedo sentado diez, quince minutos frente a la pantalla (iba a escribir frente al cuaderno, pero sería falso) de la computadora y nada. Un renglón y hasta tres y borro todo. Y así por cinco o seis intentos. Hasta que finamente logro avanzar hasta llegar a un texto que lo leo nuevamente y no quedo satisfecho. Así es esto.
3
¿De qué voy a escribir?, me responde alguien que le digo que escriba. Cuenta muy bien. Y todo lo que me platica me parece verlo en un texto escrito. Mucho mejor que lo que yo hago. Pro no escribe. Y le digo precisamente que lo haga. Y he allí su respuesta: ¿de qué? Y saco a relucir mi experiencia de que podemos escribir de muchos cosas, de los fantásticos sueños, del pozo de la memoria, sobre un maestro o maestra que nos cautivó con sus clases, de la vez que hicimos el ridículo ante los demás, de la vez que vimos un acto formidable y acaso solidario de los otros, improvisar por escrito sobre las cartas de la lotería o de la baraja, lo que se nos vaya ocurriendo. Y así es larga la lista de lo que podemos escribir. Basta empezar con una idea aterrizada (papelizada) en una palabra.
4
A lo mejor no es tan fácil. Ayer comentaba sobre lo importante es que los maestros de básico aprendan algo de teatro (lo más posible), mucho de comunicación, y otro tanto de cuentacuentos. Con la palabra somos, gracias a ella nos relacionamos. Y gracias a ella trasciende el conocimiento para las nuevas generaciones. Durante muchos años fue oral, y luego fue a través del lenguaje escrito. He allí los libros. Gracias a ellos tenemos testimonios de lo que escribieron los antiguos. La civilización es un montaje de lo nuevo que se descubre, basado en lo anterior y así sigue. Así seguimos.
5
Que se aprenda. contar bien y cada vez mejor con la práctica, es muy necesario para los maestros de educación básico. Y algo o mucho de teatro. Solo así puede hacerse más atractiva la enseñanza, entusiasmando a los niños y niñas, construyendo imágenes a través de las palabras y del movimiento del cuerpo, con los gestos de la cara. Han de ver una mariposa cuando se habla de ella, y el movimiento alado de las manos hará que los niños rían y efectivamente vean una mariposa volar dentro del salón de clases. Y las niñas y niños querrán al día siguiente volver a escuchar y ver a su maestro o maestra.
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Yo sé que esto lo saben los docentes. Y sé que muchos lo hacen. Solo soñamos que más lo hicieran, porque ellos mismos disfrutan ese tipo de clases, y al disfrutar enseñar, se transmite mejor el mensaje que se quiere decir a los estudiantes. No en vano van cuatro o cinco horas con el mismo maestro en preescolar y primaria. Y no en vano van horas por distintos grupos en secundaria. Sea lo más motivante posible. Y eso no depende de planes y programas, ni de oficinas de la SEP, ni de directores, sino simplemente depende del maestro que entra al salón de clases, sea que deje abierta la puerta o la cierre.
7
A veces lo que escribo parecen sermones. No lo son. O no al menos es la intención. Si escribo disfruten la vida, yo sé por qué lo digo. Se nos escapa a diario. Y esos amaneceres sean grises, húmedos o enrojecidos de tanto naranja un día no los veremos más, llegará ese día. Y no tendremos otra oportunidad. Ni son tampoco consejos de hazle así, hazle asá. Solo cuento algunas cosas que me han salido bien. Pero no a todos les va a salir igual, a otros les va a salir peor o mucho mejor. Si cuento que hice pan de ajo en la pandemia, si cuento que empecé a pintar, etc, lo hago solo con el fin de escribir sobre algo. Un día, por ejemplo, me encontré con las termitas rodeando mi casa dispuestas al ataque. Ya habían medio comido un sillón de madera sabroso para ellas. Logré rescatarlo Y de allí he vivido aterrorizado con las termitas, las imagino comiéndose a Gregorio Samsa o a todos los Buendía en un santiamén.
8
Y así por el estilo. De donde tengo más que escribir aunque ya lo he hecho es sobre mis cuarenta años en educación, parte docente de primaria, parte en telesecundaria, unos años de asesor en el programa Escuelas de Calidad, otros de delegado sindical y otros más con una alta responsabilidad administrativa. Solo que esos temas son de gremio, y uno debe ampliar el abanico de posibilidades en los temas. Alguna vez escribí del circo, otras sobre plantas de sombra y flores, otras sobre la primera novia (ella se llamaba Martha, no Marisa), sobre amigos y amigas, sobre el árbol personal de la canción Mi árbol y yo. En otras ocasiones me acuerdo de un chiste y lo inserto en el tema con cualquier pretexto. Y así llevo el día a día de los temas.
9
He sido coordinador de taller literario. Muchos años, como quince, en la galería El Jaguar despertado, de Villahermosa; desde el inicio de este año en Casa Alebrijes, igual en esta ciudad. He escritos obre las sesiones, sobre los trabajos maravillosos que presentan los noveles escritores, sobre el ambiente. He escrito de las veces que he sido jurado en declamación y oratoria. Y he escrito de la nostalgia que siento, en eso de extrañar a mi familia, a mi terruño querido, a mis años de normalista, y de extrañar el ayer y e antier de la vida, que sesintetiza en las gratas percepciones que tenemos de lo exterior. He escrito de los sueños y de la lluvia.
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Es por eso que a veces en ls mañana me sucede que no encuentro la forma de iniciar a escribir. pienso en un tema y otro. Ya me he repetido, lo confieso. Son inagotables los temas. Porque la vida es inagotable. me pongo a pensar por ejemplo: ¿que sería de mí sino leyera ni escribiera. Y luego exagero la pregunta ¿Qué sería de la humanidad (acaso lo fuera) sin que nadie leyera ni escribiera. Y peor aún: sin que nadie contara cuentos. Esa y otras hostiras mezcladas con preguntas es lo que hago cada mañana de 6 a 9 de la mañana.
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Un tema que me gusta mucho tocar es sobre la maravilla de las funciones de nuestro cuerpo. Y lo relaciono con la maravilla del movimiento de los planetas en sus órbitas.
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