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Aquí vamos

Aquí vamos. Cabalgando en el potro rápido del presente. Y sin prisa por llegar. Vamos haciendo rounds donde se puede sombra. Y recibiendo el viento de frente. En idea tras idea. Con palabras como ramillete de pétalos. Que al salir de la canasta van frescos y se secan luego de llegar. Y una canción de a partir de mañana que la escuchaba de Cortés, que empezaré a vivir la mitad de mi vida. Escucharla por ejemplo a los 30. Y pensar que estoy llegando feliz a la otra mitad. Y que sin embargo coincidir en la edad que sea a la vida como esplendor y rosa. Aquí vamos. Lo que se ha perdido se ha encontrado. En fin que la aguja del pajar la tengo entre las páginas del libro. Separando el antes del mañana. Y el presente relincha, brioso.

Preguntas

Preguntas del hecho y del helecho. Y si siempre las flores del mal florecieron o encontré al fin las rosas en el mar. Si me alimento de quimeras y sueños. Si voy atrás de la utopía. Guardo silencio. Repercuten de nada y nadie las preguntas. Si voy o vuelvo. Guardo secretos del campo. Atesoro las gemas de la amistad. Y la multitud  guarda silencio. Respondón.

Rosa

Rosa Solís cumple años. Hoy en día de santa Rosa de Lima. 30/08. Y lo envío un fuerte abrazo y sonrisas desde este navío lejano. Y se agolpan los recuerdos y entre ellos siempre mi agradecimiento por la mano echada a la ayuda sin interés, y el hombro dispuesto a sostener en la fatiga y tribulaciones. Harán de seguro fiesta con pastel allá a su alrededor. Y velitas. Que son símbolos de alegría y fraternidad. Su vida como la de muchos ha sido de dar batallas por seguir, con la frente en alto. Siempre dispuesta al trabajo y a la acción. Sin perder el buen ánimo y la sonrisa. Rosa mi hermana cumpleaños. Y bien la recuerdo en el frente de su casa. Saludando a las vecinas que pasan. Con ese saludo sonoro y afable. Del buenos días. Del cómo estás. Y a veces seria. Para sorpresa por ser como es. También del cielo, Leonor y Juan, le mandan flores con sonrisas. Y yo una rosa para Rosa. Y mi agradecimiento permanente.

La felicidad

La felicidad, clavo que junta madera. Estruendo del rayo en la hecatombe. Es la torre de Babel. Aquí andamos. En el cuaderno pautado van las notas. El guiño trasciende los corazones. La felicidad es platicar con la romana, Moravia y sus luces. Y ese traje a la medida del deseo. Los gatos se tallen en la pierna. Avistamos lo que viene en polvareda. Tierra, tierra, cuando gritó De Triana. Venimos ya de vuelta en los pareceres. Me espera el ruido. Otra vez. Y da la bienvenida. Mientras tanto la vida se va. Escurre entre los confines de la Rosa de los vientos. La felicidad y la vida son cenicienta. Y sin parsimonia se retiran. Antes de que den las doce.

¿Y mañana?

Y qué pasará mañana. Cuando ya no estemos. Todo sigue igual. O casi. Cuando alguien muere algo de nosotros se va con ese alguien. Los tantos recuerdos juntos. Las risas en común. Los reclamos en el nunca más. Y efectivamente nunca más en ese mañana incierto. Lo pendiente, así queda. Lo que no hicimos, nunca más. Y la palabra que no dí, los versos que no escribí. Y tampoco los abrazos y besos postergados. El mañana fue un presente donde ya no estaremos presente.

Si vas por allí

Si vas por allí. A donde relampaguean las luces. Los sueños alucinan. Y se aturde la lógica y el entendimiento. Conmueve tú con la rutina del ballet. O el canto sonoro. La poesía radica también en el estruendo. En las soledades. Y en la penumbra. Al infierno Dante lo metió de lleno a los confines de la imaginación. La literatura no excluye a nadie. Una moneda el avaro atesora. Y la mirada de lujuria por el oro revela asimismo belleza. En lo sórdido de la basura de pronto aparecen Las flores del mal o Hambre de Hamsum. Y del pantano la flor nenúfar. Hay aves que trascienden el lodo. Y el petróleo es lodo en su origen. Sin embargo el artista crea flor al oleo. Belleza. Y si el universo todo fuera un antro. En el mejor sentido de la palabra. Que no hay otro. Rayos. Luciérnagas. Mariposas. Pétalos secos de flor que ya no está.

A veces me interrogo

A veces me interrogo. Y me hago preguntas como fiscal de conciencia estricto. Por dónde andaba cuando el fuego. Y con quién cuando la soledad. Y si sabía de tal o cual desvelo. O si fui consciente de la semilla de fruta o en palabras que sembré en nubes y cabellos. Y dónde cuando el viento huracanado arrastró sueños y resabios. Y ante el espejo hago mutis por no tener respuestas claras, certeras. Un libro no devuelto. Una petición rechazada. Y me cubro en manto de silencio. Y mi conciencia, yo mismo, me cerca. Mas si fuera inocente dicha conciencia que tire la primera piedra. Justificaciones aparte de ser luces y sombras.