La bella catrina pensó filosóficamente. Si era necesario acabar con la vida para que reine la muerte. Y leyó tratados filosóficos. Sobre preguntas que los vivos se hacen: el qué soy, para qué existo, de dónde vengo, a dónde voy. Y se quebró la cabeza de tanto pensar y pensar. Al fin se dio cuenta sin tantos aspavientos. Que es indisoluble la relación que tiene con la vida. Dos caras de moneda, concluyó. Y así anda. Alegre pelando los dientes. Y dicen que tiene pretendientes. Que acabar quieren con ella. Por bella, responde sensual. Es la envidia que corroe. Quieren chupar mis huesitos. Y va dicharachera. Por los caminos del sur. Acercándose al sureste. Yo la quiero casar con la buena fortuna. Para que se olvide de nosotros. Y nos deje en la vida otros añitos más. Pero ella es socarrona. Y cuenta se da de lo que quiero. Y me deja ser porque no la evito. Al contrario, de vez en cuando le doy besitos. Y ella se deja querer. Mientras tanto vengan los tamalitos. Que en su honor prepara la gente. Y corregirá Jorgito Priego. Que no es a ella a quien hacen de chivo tamales. Que es a los fieles difuntos. Para que vengan a comer. Mas los tamales comen los vivos, digo yo de refilón. Un abrazo a todos este día.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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