Cantan los pájaros. Y el nuevo día se desliza entre la neblina. Como esperando el sol o abril. Y es noviembre. El otoño se ha dejado sentir con nostalgia y frío leve. Mucha humedad. Y libros. Como para aprender del centro de la tierra y luna. Y buscar más elementos para saber lo que exactamente somos. Entre las razones del ser. Entre las palabras y los hechos. La ética en la modernidad. Y el azar del destino. Cantan los pájaros. Y me despiertan. Fiesta nacional. Con esa algarabía de saberse eco y viento. Y sintiendo que el futuro va llegando en este presente perpetuo. Hasta que venga el alto. Buen día, canarios y calandrias. A cantar por la vida. Que no hay mejor razón que la existencia misma. Y el amor. Y la amistad.Y las palabras dichas o por decir.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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