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Sé de la gravedad por el salto de las ranas. De la luz por los ciegos con bastón por las calles. De la muerte por esta forma mía de quedar sin respiración por tres días. Y luego levantarme como si nada. Sé de la mujer por la falda tendida y esos tejidos de pensamientos en repeticiones. Cartas para saber pasados y futuros. Sé de la luna por el llanto permanente de los duendes. Son historias conocidas. Por todos. Por mí, por los otros. Yo no tengo referencia de los días. Sé de pronto sobre oscuridad y luz, como si fuera un juego de los dioses. Por eso los adioses tienen camino de vuelta, como por sí, como por acaso. Sé de los libros, por los árboles en fronda y el humus que refulge de sus páginas. Sé del fuego por este corazón altivo que no se apaga. Se de la vida por la muerte. Y por si acaso escribo, para saber mi nombre, más allá del osario. Se cuenta cada historia. Pero sólo  una importa: la historia universal, recuento del fracaso de los hombres..

Nada sé

Si estuve loco o ausente un día o varios, nada sé. Soñé que toda la ciudad era un psiquiátrico. De pronto miré rasgos de sangre en el suelo y bellotas con benceno. Y busqué huellas del transitar mío o de otros. Y descubrí pústulas calcificadas, retorno a lo infantil, el pasado, lo inútil, la nada. Prisas para morir la vida desde niños. Estaba yo en un bosque en el sueño. Víboras en el camino a la espera de agrandar el osario. Señales intermitentes como cantos de sirena. Tentaciones de sólo ver prosperidad en la vida. Y mísero de mí me soñé con un calcetín en una mano y guantes en los pies. Y un botón frente a mí para salir de la sala de cine con sólo apretarlo. Me era imposible salir por no tener ropa. Con yodo en los labios nada sé del minuto próximo ni del pasado. Trato de leer lo que dice el manual de usuario de lo humano. Y me parecen extraños signos rupestres. Un cántaro. Una copa y  un boleto barato para salir del tedio.

Bhúo

En el marco de la noche, los duendes y las brujas. Un olor a yerba recién cortada. Y el olor de la limonaria, para comprender la oscuridad. Llueve, con chisporroteo permanente de gotas peregrinas. Sábanas negras, pensamiento florido de viajes con Kadafis leyendo poemas en Atenas. Con Pavese por el coliseo de Roma. En la madrugada el búho ausculta luminiscencias en la noche. La esperanza del amanecer, por ver de nuevo, para en la mañana rodearse de sol, de verde. No es más noche cundo está, porque a veces los días son grises, o con nubarrones. Por lo pronto es domingo. Y los colores van en las palabras.

En el marco del día

En el marco del día, nublado y chocolate con pan en la oficina. Palabras de rutina. Libros cercanos de poesía y contra la injusticia. Recordad los instantes jubilosos y los marzos por venir. Ventura por las palabras y los soles. Ventura por las sonrisas y las miradas. Este tiempo de sábado enmarcado es bueno para tomar conciencia como tomar té o café. Ahora es chocolate. La buena noticia es que viene el libro. Sí, el nuestro. Y seguir en la brega de vivir. Que no es poca cosa. Aún en la belleza de por sí. Vamos andando, dirá la Eugenia.

Cascabel

Suena el cascabel al movimiento. Y estaban los ratones divagando sobre el malvado gato ladrón. Cada uno sus razones, de por sí. Cada argumento, de paso, bastaba con solo verlos indignados de emoción, humillados, doloridos. Y juntos se insuflaban verdades, que les reforzaba el encono contra siniestro animal. Y uno de ellos, tranquilo, escuchando por doquier, sonría medio burlón al ver que todos hablaban con tono de ocasión, molestos por los abusos del gato abusivo y ladrón. Entonces este levanta la mano al decir: ya tenemos la solución, nomás basta saber quién de todos nosotros, valientes por demás, pondrá el cascabel, para que el gato al caminar, nos avise y correr. Y todos quedaron quietos, porque es mejor así, calladitos, más bonitos. Pongamos el cascabel. De otra no hay, ni puede haber.

Alguien

Alguien penetra en la soledad para desaparecer en el silencio. Oirá  de lejos voces de máscaras  de bufones en coro que le llaman. Y escribirá ese alguien palabras con una sintaxis extraña, con una ortografía lunática y por lo tanto errada. Y dirán: tufo respira cuando lee.¿ Por qué no exhibirlo en elegantes supermercados con cajas de regalo y moños? Ese alguien transpira de emoción ante la muerte, ante la suerte, incertidumbre de las dichas y los espasmos. Alguien transparente obligará a tragar las palabras de sierpe. Y saludará cantando por los caminos del sur. Alguien llama a alguien en los soterrados silencios de la noche.