Irme ya por Dios que me invento. E inventarme es fijar una imagen. Y seguir siendo el mismo. Yo me voy y me entiendo. Quién más me entendería. A no ser que mi madre o padre. Y en eso hay dudas. Y ya no están ellos para desdudar. Irme es seguir caminando. Y emprender retos en las nuevas historias. Crónicas de la alegría: la sonrisa del hambre; de lo que está al margen de los acontecimientos. Irme es cortar de tajo las alharacas del fondo. De la dos de bastos. De la que dijo leyó Hambre, de Hansum. Y trucaba palabras por despensa. Irme es olvidarme de todo. De las fiestas para navidades. De los "mi hermano, ya sabes que te quiero". Regresarse es venirse. Volver la vista atrás. Como reiterar. Que los griegos. Que la cultura helénica. Y seguimos tejiendo historias. Pero de eso al movimiento de los pies en las polkas hay gran diferencia.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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