Luna como colgada en la ventana abierta tenue luz reflejaba. Yo le decía suave eres templo. Mientras oronda untaba aceites de aroma en las curvas sinuosas de su carne. Templo eres. Templo. Repetía mientras era ignorado en el poema. Pasos solos de un tango lejano que hacían crujir el viejo piso de madera vieja del viejo templo. Austera habitación de convento abandonado. Limpio si. De paredes gruesas. Había café y emparedado con tocino. El templo carne Lucía victorioso. Mientras yo despertaba en todo el mundo nada. Una estatuilla de bruñido metal y brillo. Como prueba de la verdad del sueño.
De cartas
Me maravillo al leer tu carta. Tengo la manía de decirlo cuando me gusta el texto desde el punto de vista del taller. Tu carta está doblemente bien, por su forma y contenido. Te agradezco de antemano la confianza de abrir tu corazón hacia este que soy, un desconocido, con el que sin embargo coincides. Te comprendo y te abrazo en la situación por la que atraviesas.
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