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Los sueños (0tros)

 Hay otros sueños. Que son la vida misma. Acaricias una estrella. La real. Un anhelo. Esa arena suave. Esa ola que arremete. Esa manera de empezar de nuevo. Continuar. El odre viejo se ajusta a lo que la piel dicta. El sueño de la real esperanza. Hemos recorrido caminos. Estructurado sueños. Y vimos futuro. Este el de los sueños. Anoche. Polvo con polvo. Piel con piel. Arena con arena. El viento trae aroma de flores. Lennon canta en la radio you like staring over. Es el sueño.

El café al hombre

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Ludmila cumple años

Hasta Odessa, Ukrania, mando un saludo y abrazo fuerte para Ludmila Samodaeva, compositora y pianista, a quien estimo mucho. Se Se  está donde quiere, su pueblo amado, con su barrio y su gente. Con el poeta Igor, a quien le digo mi hermano. Y en este día les reitero mi aprecio y cariño. Como no quererlos sin son todo amor, todo sencillez. Siempre hablando bien. Siempre escribiendo. A Luz, que cumpleaños la he escuchado en el piano. Y las notas a veces fuertes a veces suaves, transportan a bosques, ciudades, cabalgatas, calles con tráfico, y a abrazos y sonrisas. La escuché acá en Tabasco muchas veces. Y yo espero un día tener la oportunidad de escucharla en su Odessa natal. Y tomarnos un café en alguno de esos lugares a donde llegan. Mi amistad, sin duda. Luego e Igor. Abrazo fuerte.

Los sueños

Los sueños son arrecifes donde caminamos. Son espina dorsal de la memoria. Mar de furia o quietud. Son alebrijes con vida. Se aparecen cuando menos los esperas. A manera de sueños y anhelos. Hay miradas. Abrazos. Versos y besos. Víboras al acecho. Los sueños son mutaciones de lo que sucedió. Cuervos que te sacan los ojos. Canicas de la infancia que golpean la cabeza. Cómo si puerta fuera. Yo toco. Y nadie abre porque la puerta ya está abierta. Como un elote asado, en Plaza Hidalgo. Hay un niño que me mira. Es mi padre que me invita a jugar. Y nos abrazamos. Yo me pregunto si acaso sueño. No me despedí en vida. Me avisaron de su muerte. Me pellizco del brazo. Me duele. Es verdad. La realidad de los sueños. Y juego con Juan frente a un espejo.

No escribo porque sé

No escribo porque sé. Ni canto por tener buena voz. Escribo y canto porque sí. ¿Por qué no? Me hace feliz. El poder compartir unas palabras escritas. Que aparecen de pronto. Dicen de esto, de aquello. Sin mucha razón de ser. Y canto porque no me aguanto. Yo solo en la ducha. A medio volumen. Ya otras veces he cedido. A qué me calle, me dicen. Y silbo. Que también me gusta. Y escribo. Lo doy a conocer. Solo por el hecho. De saberme útil en lo tanto inútil. Juntar dos palabras. Luego otra y otras más. Cómo en las colchas de feria. La felicidad no se mide. Es una manera de caminar. De mirar. Un hola, de saludo. Y reír. Por las mañanas busco la salida del sol. Algo me dice. Y recuerdo que un día ya no, en el nunca más. Y sueńo. Sí. Bastante. Y recuerdo.  Y tengo una guitarra. Un gallo. Y un reloj. Nada más.

Golondrinas

Esta mañana nos visitan golondrinas. Vienen del norte a lo tibio del trópico. Buscan sus árboles desesperadas donde ahora hay grandes plazas comerciales.

Dormir

A dormir llama la noche. Convocatoria para los sueños donde navegamos. Dormir es un breve ensayo de locura, parecido a la muerte. Donde la suerte te conduce entre III infierno y paraíso. Ni soñar es el olvidado limbo. Encontraré el pastel dulce de la dicha. En el sueño. Y la soledad con compañía. Dormir es relajar el nervio. Y dejarse llevar camarón en la corriente. Dormir es remontar un marcador adverso. Es encontrar gambusino la palabra para el oro verso. Allí nos encontramos. Encantados. Lugar seguro del encuentro. Solo cantar dede pájar. Solo el abrazo tibio. Dormir es abrazar la almohada, como abrazar la vida.