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Ojal

Sueños ojal. Y al despertar, bajo mi lengua la palabra como cocuyo. Para botón ojal, dije. Y roto al fin, sin luz, donde la música tampoco y luego el aguacero. Diría Manzanero en rima somos novios, y no, sería entonces esta tarde vi llover. Toda el agua del mundo precipitada. Llover, no otra cosa. Y a correr, pollito. Este gel se escurre. Me gusta esa manera de quitar botón o poner, justo en el lugar. Esta camisa azul de ojal cerrado. Imagino el trajinar con las camisas en la lavandería para hacerle el doblez y verificar ojal a botón para su entrega. Y corresponde uno solo ojal a un botón solo. Ah y ese equívoco, donde uno de ellos se fue en otro y la burla sosegada, dicha o callada, evidente. Pero a ese ojal de chaqueta militar, nunca se le vio botón. Y ojal de solapa, para clavel. Habrase ver. En fin.

Domingo

Sopor. Ejercicio de respiración, dos tres, dos tres. Baño glacial para iniciar. Asomo rostro al internet. Noticias. Bebé real. Lady Gagá. Monsanto. La muerte en  Egipto. Mar de gente en Copacabana. Escribiré escribo, a ver si se aparece la magia o la maga. Musa. Y no. Pescao frito -no asao- desayuno. Limonada. El azul a la vista inmenso, sueño. Música coincide en canción Mesera. Vaivén de ola. Hola. Y gracias, cantado. Mirada. Este libro me acompañará con epitafio. Al fin. Sigo en las lecturas. Poesía. A ver si se pega algo. Lumen. Este domingo, murmullos y revelaciones.  El pan. El pan. Algarabía. El hoy amanecerá lunes.

Flor

Ninguna razón o motivo para escribir. Todo de este mundo. Pequeñas cosas. El buenos días. El camión. La espera en la cola para el pan, sin preguntar por la hora. Un café. Preparar el discurso para el espejo, la mujer que no está o los familiares del muerto. Me da por comprar libros. Compulsión. Me da por caminar, a veces. Ayer pasaba por allí. Caminé desde el restaurante a la oficina. Ningún teléfono cerca para avisar. Y caminé. No fue mucho. Emocionante bajo el candente sol sentir el sudor. La vida. Los pulmones reconociendo la novedad. Y suspirar. Venta de autos. Casas abandonadas. Museo. Librería. Teatro. Biblioteca. Y el ir y venir de los autos en su prisa. Es una amplia avenida la Carlos Pellicer. En fin. Si fuera una carta esta, debería romperla. Pero va al cuaderno, resignado. Ahora nostalgia. Reverencia simple al día que pasa, solo. En el patio de una casa abandonada, miro una flor silvestre, blanca,  entre la hierba y la basura. La vida pasa.

Tiramisú

El sol, la playa. Este caracolito de mentiras. La arena raspa en la garganta por el canto. De lejos mira la tira. ¿Y el disco?  ¿Y la licencia para  suspirar? Yo me río. Son así. Son de corazón. Limón. Más limón y sal. Este día de inmenso calor es propicio para amar al hielo y al acondicionado. Solo así, porque el infierno ha de andar por los cuarenta bajo sombra. Digo de los libros. Sigue el embeleso. Ese Koser con el retorcer florido de las palabras al oído y las metáforas. Efraín tenía razón, una perrita, hace años, con ese nombre. Nada de original. Rambo, también Zumba. Y yo con mis nombres de La Tatcher o el Salinas. Reíamos como dos chacuacos sin fumar yo, de siempre. Y volver el mariachi de inicio. La paloma querida. Esta mojarra y el camarón. Y esas diminutas prendas son ofrendas al mirón. Yo sueño. Digo que la vida estará mejor en otra parte, con la canción italiana. Pero esta playa del señor, paraíso original. Algo de daltonismo dice el doctor y la miopía, mejor dar...

Qué día

Este día que ya es ayer. Rezumó vida. Palabras sin fin, de horas, por decirlo así. . Jugo verde y café. Y el desayuno común.  Proyectos, sueños. Recordad. Y hablar del Kozer. Como si fuera especialista. Los libros traídos del DF. Poemas de este cubano judío. Prosa. Que desorden ese conjunto de hiperbatones. Ese deambular por temas distintos en cada verso. Que mal, que bien. Más ahora con el premio Neruda. Como una máquina de escribir, (no de follar como el libro de Bukouski), compulsión por exteriorizar millones de palabras. Contar y cantar del poema.  Y seguir la tarde como en tres centímetros sobre el suelo por captar esa sensación del ser, de verdad. Los poros digan verdad en esa exultación. Y entrever  luz como de bengala para celebrar. Esta vida. Belleza. Viernes de soñar. Elucubrar. Predecir. Yo quiero construir el paraíso. Y dame el aventón a París. Canción. celebración de vida. Ser.

Fiat lux

Entre el cerco de oscuridad bruna, la luz. Cocuyos, chispas, resplandor. En el túnel al fondo resquicios por donde ya se ve claridad. Más que de pronto una fotografía, las canciones de Serrat, despejan el camino de abrojos. De nada sirve ver cuando todo es negro. Y el pensamiento deambula por caminos afines. Unas como pequeñas cosas. Otras, imagen de andén y tren. Pañuelo del adiós. Y la vuelta al amanecer. Bicicleta y el aire fresco pega al rostro. Final con principio.

Punch

Perdiste punch. Dicen. Desinfle. Aletargamiento. Es posible. Esa palabra recuerda el box de cuando niño. De punch, comentaban, al gordo hermano de Gelín, el más chico de los Gelines. Y tum a tumbarlo. Eran tardes del exilio, en el margen hacia la izquierda, el polvo, el barrio. Entonces me puse a practicar contra los árboles y sangre salía no fruto. Era extraño. Los nudillos pelados como loco. Y todo era alegría, sentir el round como la gloria. Los aplausos. Gritos. Luego sucedió, esto ya sabes. Caminos inciertos. Dudas. Escribir luna de día. O noche. Las fotografías. Subirlas o no. Sonrisas con guiño incluido. Y sas, me quitaron mi señal de identidad. Y busqué rescoldos, desventurado, y me encontré con palabras, estas. Perdiste punch, campeón. Y ver cómo le hago. Dejar crecer el pelo. O rape. Portar lentes. Y sentarme en un café para realmente arreglar el mundo.