Entradas

Quién

Quién (Para Charles Aznavour +)                  Quién besará mi cadáver. Quién me soñará. Y buscará en los recuerdos algo que le haga llorar. Quién escribirá una palabras en la red. Para hablar -no queda de otra, lo dicta el protocolo- de lo bueno que era. Suele suceder. Quién dirá el discurso fúnebre. Y entreverá las luces pocas  y las muchas sombras. Quién hablará de razones. Quién llegará de compromiso. Quién rezará con fervor para que el alma cumpla el rito. Quién quitará de los libros el polvo. Y pedirá algunos para sí. Se asomará a las guitarras. Para encontrar el reflejo. de la luna o del cielo. Que algunas veces captaron. Quizá la risa. Quizá la rosa. Sé lo que quiero decir. Quién pronunciará mi nombre en silencio y con amor. Quien pedirá el minuto de silencio o de aplausos. A qué hora será el entierro. Y quién evocará lluvia y canciones. Quién contará anécdotas de lo que viví, de lo que lloré, de cuando caí. Quien se acordará ...

Es viernes

Viernes para queso, vino y las palabras. Damos vuelta de tuerca. El timón firme en el hoy para otro hoy al que llamamos mañana. U a imagen de libro para un proyecto. Reseñar veinte libros en el recuerdo. La historia que le acompaña e  esa cercanía. Y otro proyecto de cantinas de oida y vistas. Otro mas de calles. Es viernes de melancolia y retos. De sonrisas libres por si acaso. Desfilan novedades como garzas. Las palabras van en tren. Entre el campo verde y el azul del cielo. Vendrán otros viernes. Viena lejos. Venecia. Y salgo a camunar sin moverme. Casos de vida.

Y si la tarde

Y si la tarde. Y si la noche. No sé. Cascabeles para el gato. Y latas de aluminio haciendo ruido arrastradas por el auto. Y si la calle o el campo, las flores, el camino. No sé. Y si el libro, el boleto para viajar, el disco. Uno no lo determina. El azahar, la circunstancia, sí. Las horas se pierden en heridas, enojo. Y si un libro, leer en voz alta, o cantar, mientras barro el frente de la casa. Y si la lluvia, el frío o el intenso calor. Ya no digamos el viento del ayer que nos dejó revuelto el cabello. Nos recordó del polvo. Conocí al poeta. Eran huesos mas sonrisa. Y una dentadura chueca y un color café oscuro. Faltaba un diente. Los dedos amarillos. Tenía en su casa un tocadiscos, un librero y una mesa de pino con silla. Y en la pared una fotografía donde estaban dos viejos sonriendo desde el pasado. La casa estaba abandonada. Los niños preguntaron por sus nombres. La tarde ya se había ido.
En diciembre del 74 le metieron mas de cien balazos al maestro Lucio. Líder del Partido de los Pobres. Irreconocible el cadáver. Fueron por la esposa para que lo reconociera. Muy dañado por las balas, dijo ella, "así no, quizá lo reconozca por su miembro, desnudo". Y extrañados, reticentes, procedieron los soldados y el médico a desnudarlo. "Así no, dijo ella. Tiene un lunar en el glande". Serios,  pálidos, más que reticentes, enojados, procedieron los soldados a jalar el cuerito del prepucio. Y sí, estaba el lunar pequeño en el glande. Dijo ella, su mujer: "Sí es él, Lucio Cabañas. Y siempre al final ganó, porque decía: a mí el gobierno aún después de muerto me la va a pel(i)ar".

Yo me siento bien

Yo me siento bien por las tardes. A veces. Otras, mejor. Con pan o canto. Por las mañanas, ni se diga. Mejor. Los geranios del jardín (que no tengo). Los anhelo. Los grandes árboles de sombra, que tampoco. Y el café, eso sí. Por la ocasión. Tardes o mañanas, todo bien. De noche, lo mismo. Libro o piedra. Las palabras son como un tren. Y las miradas a la luna. O a la laguna. En sueños. Di un pésame ayer. Hay golpes, tan fuertes. Este es uno de ellos. Y la reflexión en la tristeza, por tener que irnos. Un buen día. Y ahora sí, ese momento ojalá lejano. Algún día no habrá más melancolía, nostalgias o prisas. Solo la risa de agradecimiento por el haber vivido. Y ejercido las células, lo mejor. Conocer del alambique. Y los tacos de ternera. Y el suave dulce de coco. Me siento bien. Una lectura del cubano Koser. José, para los amigos. Cada día tiene su mañana y su tarde. Doce perros en el Jardín jugando con la utopía. Por lo que se pueda ofrecer. Y cada día, su libro también.Y las horas ab...

Los diez justos (2)

Lo esperaban nueve personas. Entre ellos su esposa. Lot entró y les dio la buena nueva. Lo que esperaban. "El Señor no destruirá nuestros pueblos si le entregamos una lista de diez personas justas. Anótense". Ellos levantaron la lista. Y agregaron al número diez. Lot.

Los diez justos

Parábola de los diez justos. ¿Dónde encuentras los otros nueve?