Era una voz

Renace polvo en flor. Había una vez un cuento. Unas palabras engarzadas sin sentido. Era una voz sin voz mi risa. Eran cuarenta mil razones para detener el paso o seguir. Y fuimos dialogando hojas secas y burbujas de jabón. Para ver si ahora si. Sin embargo todo quedó suspendió. Nunca más soñar eternidades. Este día tiene su propio afán. Entonces si. Vamos a escribir la propia historia. Agua tibia para el corazón.

Comentarios

Entradas populares de este blog

De cartas

Rigo Tovar y Chico Ché

¿Por qué así, señor periodista?