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A Debussy

Debussy fue parte esencial de la calma. Su extensa sensibilidad sonora me acompañó esos días como parte de la obra. Languidez y alegría en brisa suave hacia cicatrizar el alma. Nostalgia de caramelo con hormigas. Sortilegio de la luna noche o día. Un año después lo escucho de nuevo. E inicio el recorrido en ese mar de recuerdos que somos mientras nos habitamos. Y esa calma me abraza todo. Me integra. Y el licor de la alegría me embriaga en ruta del futuro. A donde ando navegando otros linderos. Otras fronteras. Y se estructuran otras uniones de palabras. Para las nuevas emociones. Debussy, santo que dicta remedios para el alma. Ahora en el horizonte gozo de la nieve. O la lluvia de tarde. Camino entre las hojas secas. Y  en el parque la señora del perrito me recuerda a Chéjov. Y La Maga de Cortázar desfila entre los árboles como en pasarela. Olas de mar entre los sonidos se cuelan. Y la luna clara se refleja en el lago. Tesoro es el instante.

No llega el recuerdo

No llega el recuerdo. No. Y pasan los días con la esperanza cada vez más lejana. Que en algún instante. Por circunstancias propicias. Llegue un dato. Una fecha. El nombre de un parque. Una calle. El nombre y el olor de un libro. Ha sido tanto el tiempo ya vivido. Y es seguro que se va extinguiendo. El nuestro. Y es una dicha que los recuerdos queden. Aún los del dolor y el llanto. Aún esos. Porque son parte de la vida.  Hemos vivido. Dice Borges que nada es más nuestro que lo que hemos perdido. Porque está en nuestros recuerdos. Tragedia es cuando los olvidamos. Y en mí no llegan los recuerdos. Y me espanto como en caída libre al abismo. Ningún nombre del fuego pedernal. Ningún nombre de quienes pintaron en la cavernas esos bisontes y búfalos cazados.  No llega el recuerdo. No.  Y vacío de datos camino en un punto cardinal del que no sé el rumbo. (Con base a No llega el olvido, de Ena Gómez. Para ella. Por la amistad)

Pasa el tiempo

Soy de aquellos que leen los créditos al final de la película. Borges, el exacto, escribe a mano al final del cuento El Aleph; A Estela Canto. El espacio y el tiempo. Dos enigmas. Un nombre me preguntan para escribir al final como dedicatoria. Leonor o a la Cibeles. Y río por la anécdota y el reto. El tiempo, apenas  metáfora de la materia.Y el tiempo. El nuestro.  La película ha terminado. Borges lee ciego contento.  Los créditos para encontrar un nombre conocido. El año de filmada. El escritor exacto, Borges. ¿Que significa para usted el amor? Es tuya solo cuando se ha marchado. Se han marchado todos en una huida generalizada, como estampida de búfalos y bisontes. Y somos, asunto simple, lo que mañana seremos. Dios no lanza los dados para saber de lo que sigue. Ha escrito todo. Ese dolor o risa eran necesarios.

El tiempo pasa

El tiempo pasa. Perdona Pablo. Que te robe este inicio en tus palabras. Nos vamos poniendo viejos. Y la historia personal se dibuja entre tantos errores y apenas algunos aciertos. Normales en todo el que camina. Y el tiempo se escurre como saber del agua y la lluvia. Y en espera que suceda lo que nunca llega: una dicha permanente. Y en el camino nos encontramos afines en palabras, en risas, sueños o visiones. Esas ocasiones breves. Me refiero al nido del origen y las alas. Como paloma mensajera que dictó mensaje en el destino. En esa incertidumbre tan humana de no saber de lo que sigue. Solo esbozos o visiones en los sueños mismos. Y un texto del origen y un texto de aire y agua. O uno mas como salvavidas para el náufrago. El camino fue dictando sombra, fue dictando olvido. Mas no como desdichas, sino solo como el paso del tiempo. Escurrido entre las flores y el tiempo. En el follaje. En las las de tiempo de los pájaros, su vuelo. El tiempo pasa. Gracias, Pablo. Y esa de Hoy la vi. Suc...

Aquí ando, este día

Aquí ando este día. Confeti bajo el árbol. Y la guitarra española. En repetidas canciones dicen de trayectos como borradores por la tarde. Me asomo a la ventana del destino mientras tanto. Y escudriño rastros en los rostros. Rastros que deja la alegría. Y el café perenne de los viernes. Aquí ando. Rumio palabras como siempre mientras dormita mi sombra por cansancio. No me lleva bien el paso, como juró un día somnolienta. Aquí ando. Sobre rastrojos del pasado que iluminan el presente en gerundio. Vamos, que es 29 y viernes. Y es enero en el inicio del año. Otros momentos forman parte de la historia. Por ejemplo, hablemos del diluvio. O las guerras floridas. Y la bipolaridad es asunto de nosotros. Había prisa por sorber el mar de un solo buche. El diluvio fue el conjuro de hacer el milagro con la especie. A falta del papel moneda. Uno y una. Y en las guerras floridas se esculpían las palabras. Para hablar del amor perdido y de que más gana el que pierde un bate para beisbol. O la mujer p...

Cuanta prisa

Cuanta prisa tuvimos por la tarde. Un día común entre las flores. La carretera se ocultaba entre las ramas. Un recodo. Curva luego. Y la recta inmensa. Y allí. Entrada la noche, la luna vigilante. Historia de la especie. El rumor oculto en el silencio. La especie. Se contaron tantas historias. Entre ellas la de caperucita y el lobo. Rutina como expresiones de eso es todo. En fin. Hubo palabras tibias, disonantes. Y la prisa por correr en vericuetos. Prisa tuvimos. Y el tiempo se hizo sordo a los reclamos. Aparecieron las huellas en la piel. Cicatrices como jeroglíficos de la historia recorrida. Y recordábamos de memoria las listas de palabras. Confusas. Como promesas mal habidas. Yo escribía entonces palabras como decir la calle sexta. Cuadrante de la vida. O por ejemplo tomar el diccionario. Y abrirlo por azar en la página cincuenta. Y era prisa. Tarde de claridad entre tinieblas. Me acuerdo de las tantas prisas. Coral en el tintero.

Me olvidaba

Rescato en la memoria del pasado, algunas dudas y dos o tres certezas. A esta edad donde me nombro hoja de papel cuadriculado. Me olvidaba de recuerdos fuertes. Como el verso aquel bajo la sombra del ciprés y los murmullos. Recuerdo claro a Neruda en ese libro pequeñito de los veinte poemas de amor. Es tuyo. Es tuyo. Claro el acento. Y postergamos las diferencias por el ritmo de los poemas. Acaso enunciados de algo que tiene el fin desde el principio. Entonces me acuerdo del frío dominado con tus manos. Con diez años de menos. No significa nada. Solo diez años menos. La calle para verle. Solo. Y me olvidaba del pasado, como cejar en nada lo vivido. Y hacer de cada día ejemplo de la dicha grumos de harina, acaso. No hubo entonces más que canciones. Algunos poemas. Me olvidaba de mí, que ya es el colmo, de tanto andar a la orilla del río. Y en la vereda solo mariposas y guirnaldas. Flores del campo. Canta Silvio. Me olvidaba del tanto afán.