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¿Etica?

Me hacen los muchachos la pregunta. ¿Qué es la ética? La maestra les encargó de tarea. El concepto tan solo. Mas no copiado del diccionario y repetido como loros. Pregunten a profesores y otros ciudadanos vecinos, les sugirió. Y me tomó por sorpresa, esa pregunta audaz. Y buena, por lo que significa. En el desarrollo del hombre. Y en este caso por los niños en formación. Y me rasco la cabeza. Para buscar palabras que ayuden. En este tema espinoso. Por lo subjetivo del concepto. Mas en pocas palabras respondo: "con el ejemplo hacer las cosas bien, lo mismo en trabajo, estudio o comportamiento. Cuidar de la naturaleza, por ser nuestra casa mayor. Cuidar a nuestros abuelos y bisabuelos. No humillar a nadie". Los niños ríen ante respuesta tan fácil. Eso ya lo sabíamos, replican alborozados. Díganos algo distinto y mejor. Y no supe que contestar. Los niños tienen la palabra. Y con ejemplos directos me hacen ver que comprenden. Lo que ética significa. Y se despiden alegres. Y yo me...

Me has escrito una carta

Me has escrito en sueños una carta. Donde me comentas que sueñas. Un día, quizá nos encontremos, en sueños. Y me cuentes que me sueñas. Leo tu carta. Voy siguiendo omnisciente lo que escribes. Desde mi nombre propio al que antecedes el formulismo de querido. Y terminas con otro formulismo abrazos y besos. Mi padre terminaba con más quiero verte que escribirte. He soñado a mi padre también. Dictando sus cartas. Me has escrito una carta. Y me pellizco para saber que es en la vida real. Y me duele. Te levantas sonriente luego de escribir en sueños. Y me levanto agradecido luego de leer la carta. El sueño sigue. Este domingo ha llegado el cartero. Con la carta del sueño.

Los nombres propios

Los nombres propios. Mayúscula de inicio. De todos los que han pasado entre generaciones. Y dejaron huella perenne. En una idea. Una página. En ese jardín florido. Donde crecen libres las flores nenúfares. Y en esos muros de concreto que nos cobijan o salvan. Corren los nombres en los ríos o mares. Y en esas ciudades o pueblos. Cada uno erguido entre la luz y la sombra. En lógica encontrada o perdida. Proyectando a futuro la pose para la fotografía. Con guiño de ojo. Los nombres recuerdo. De quien me miró. Y el abrazo fue pródigo. En esos esteros o islas de l amistad. Donde escribimos por siempre el nosotros. Y seguimos en la ruta. De tirar flechas a la luna. A semejanza de Cupido. Este nombre le pertenece al pasado. Antonio, por favor. Al eterno polvo.

Esperas que te suceda algo genial

Esperas que te suceda algo genial. Y caminas por la calle. O entras a un súper o iglesia. Y miras a tu alrededor. Si alguien se te acerca. En tu casa, que alguien toque la puerta. O el silbato del cartero o del señor tierno que entrega telegramas. Miras al cielo. Al horizonte. A la luna. Esperas la señal. El wi fi se ha ido. Y te quedas solo. Abres el libro de poesía en cualquier página. A ver si encuentras en los títulos alguna pista del desánimo. O que te recuerde un pasaje anterior. O el versículo de la Biblia. Has perdido la llave. Tus lentes. Y la carta de despedida. Inicias de nuevo. No hay señal de mejora o suerte. El seguro de vida está vencido. Justo ahora. Te dispones a lavar tu auto. Llueve. Un pájaro sigue cantando en el árbol de enfrente de tu casa. Suspiras. Miras el esplendor de la lluvia.

Otro retrato

Otro retrato. Por la edad serán siempre distintos. Y uno de otro, distantes. A mis 57. Otros colores distingo entre imágenes borrosas. Y la despedida en irme, firme. Con la seguridad de no andar sin destino. Como hoja. O por las ramas, de grandilocuente fantoche. Fantasmas y ecos en voces de generaciones. En paz conmigo mismo.  Mis sueños se van cumpliendo. Sobretodo porque no son grandes: escribir un texto; respirar profundo en suspiro; corazón dispuesto a la lucha y flecha asignada. Ay, Machado, se sufre. Tener un pozo para agua y palabras. Acariciar la flor nenúfar y la esplendente luna. Algún abrazo por condición humana. Solo eso. Para retrato veraz que no falte un libro y sonrisas. Hoy domingo. Mañana lunes. Cierta conciencia del tiempo. Y aún escudriñando respuestas. Mas bien farfullando, divertido. En eso del qué, cómo, cuando, por qué. La vida ocurre lenta, sin atinar respuestas.. El tiempo es la combinación del infinito. Perdón por el atrevimiento. De escribir al revés.

Sin hielo, porque canto

Sin hielo, digo a Doña Carmen, cuando luego de servirme la comida del día pregunta si quiero agua de piña o papaya. "Es que canto en las noches", justifico. Ella ríe y me sirve mi vaso de agua de fruta sin hielo. Así por varios días. ¿Y ante cuántas personas canta?, pregunta ante mi petición de sin hielo y justificación de que pido así para no estropearme la garganta porque canto por las noches. Es un lugar pequeño. Como ante 15 o 20 personas, le respondo con paciencia, y festivo también. Sí, muy pequeño, me responde comprensiva de mi cantar ante tan pequeño auditorio. Un lunes llego de manera habitual a su cocina económica, que se encuentra por el Parque Los Pajaritos. En 2014 yo trabajaba por allí y era uno de sus habituales clientes. Llego pido mi comida. Y sin hielo el agua, le digo. "Porque va a cantar", festina con cierto tono burlón, casi imperceptible. "Siiii. Y qué cree. Que anoche canté ante cinco mil". "¡Deveras! ¡Felicidades!, me di...

La vida encuentro en los pequeños detalles

La vida encuentro en los pequeños detalles. Y en los grandes, por supuesto. Mas refiero a los pequeños porque son tantos y bellos. Porque encuentro en ellos la delicadeza en la forma, sustancia y contenido. Y los colores ocres o festivos. Que remueven los conceptos. Los grandes en cambio me sobrepasan en conceptos. La vastedad del universo. O lo incierto del destino. Mejor me entrego a lo pequeño y en su suma. Que en todo caso es mayor. En el tiempo de vida asignado. La belleza en todas sus formas, de palabra y hecho. Una vaca en parsimonia come su pasto. Un niño lee, luego le ordeña. Campo florido. Y ese haz de luz que se cuela entre el follaje. El aromático café de este domingo.