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A tiempo amar y desatarse a tiempo

  1 Nos sucede de manera común que en algunas circunstancias sentimos que el tiempo va lento. Y al contrario a veces decimos: se me fue muy rápido el tiempo. Seguro que nos ha pasado. Y cuando pensamos en el tiempo imaginamos el reloj de pulso o de pared, o el calendario vistoso que nos regalaron en la refaccionaria, en el taller mecánico o en la carnicería. Y más aún, si conocemos y recordamos el poema Tiempo, de Renato Leduc, que musicalizado lo cantaron en dueto Marco Antonio Muñiz y José José: “sabia virtud de conocer el tiempo, a tiempo amar y desatarse a tiempo…” O alguien nos dice el tiempo es relativo.   2 Ya he contado la anécdota de cuando el maestro Juan Pablo Puente cumplió 30 años, y nosotros estábamos en segundo grado. Entró a clases y nos lo dijo: hoy cumplo años. Cuántos profe? Treinta. Y la respuesta nuestra en coro fue: uuuuuuuuuu. Como dicendo ya está muy viejo. Y él nos dijo: “ustedes tienen 14, 15. Yo treinta. Cuando tengan treinta se va a acordar de esta ...

Revolución

Como pez con escamas viejas, la revolución. Histórico muro donde se escribe el pasado, nunca el futuro. Un pan duro que el pobre no muerde. Un cesto de basura para borradores de discursos alusivos. Un cuento medieval que hace referencia a sangrienta lucha. Lo que ahora nadie escucha.  Palabra sin movimiento. Fantasma que a nadie espanta. Y sacan para festejo a orear todos los 20. Para secar su humedad en el encierro.  Como acudir a un entierro oficial de los Flores Magón en una fosa clandestina. Y quienes acuden son los mismo que asan al pez y amarran al perro en los días de fiesta. Mientras tanto Enrique y Ricardo quieren liberar de su condición de esclavos a las decenas de millones de pobres. Y que son primeros en los discursos de la revolución.  Para volver a empezar. Como pez con escamas viejas. Oh, revolución. A cuántos condenan y matan en tu nombre. No te asombren los discursos del año que entra. Mas nunca ha de perderse la esperanza. Empecemos ahora: "En este día t...

El encanto y reto de transmitir en vivo

1 Nunca me había atrevido a transmitir un live (en vivo) a través de algunas de las plataformas de internet. Me sabía la máxima, esa que dice: si no tienes qué decir, mejor no transmitas. Y allí radicaba mi reticencia a hacerlo. Pero luego vino la pandemia del coronavirus, y el gobierno federal introdujo restricciones para evitar contagios. Y ese día hice la primera transmisión en vivo. Fueron apenas tres o cuatro minutos. Leí unos poemas. Y a partir de allí la realicé hasta llegar a 152 transmisiones diarias, teniendo como parte central lectura de poemas. Al llegar a esa cantidad de programas diarios, con una duración cada uno de entre 20 y 30 minutos, iniciando a las 3 de la tarde, decidí pasarlo a semanal, ya no a diario. Y así ya voy por el programa 12.   2 Ha sido gratificante transmitir las emisiones del programa en vivo, por varias razones. Una de ellas es que me ha permitido indagar y por lo tanto conocer otros poetas, tanto antiguos y actuales, y de otros geografías. Otra ...

Agua

Esta agua permanente. No termina de caer aunque lo intenta. Lo mismo hoy que ayer.  Es la misma o gemela idéntica. Visita el campo y la ciudad. Mortifica y le es indiferente. Y cae y cae. Serena, entusiasta y alegre.  Ha llegado y no termina de llegar. Visita otros lugares. Mas los conocidos. Y hace otras humedades.  Y se acumula. La muy muy mula. No da tregua. Su encomienda es lavar todo. Y halar basura. Para limpiar lo sucio. Para que nuevo rostro todo tenga.  Mientras tanto oímos el murmullo del agua. Tic. Tic. Tac. Y el ranerío en sus croares. Como orquesta. Que no queremos escuchar. No más por ahora. Mientras tanto soñemos. Que la extrañamos.  Y que  la sintamos ausente. Por eso sigue viniendo. En ese extraño gerundio. Extrañamos el anuncio del pronóstico. Que diga. Está dejando de llover. Y mañana de nuevo el sol. Para alegría de las flores. Sin duda.  La amamos, líquido vital, cuando es poca. No cuando se aloca. Y llega en demasía. Como ahora....

No es tarde aún

No. No es tarde aún. Las tardes de los días de otoño son cálidas, no tanto, y frescas, no tanto. Hay otras salidas en la estación de trenes. Los parques tienen asientos vacíos para la charla. Y el café no se ha enfriado. Y si así fuera, lo entibian los labios. No es tarde aún. Hay vida. Lo demás lo sabrá el silencio. 

Los cuenteros 2

1 Decíamos ayer sobre los cuenteros.  La necesidad de contar es innata en el ser humana. Viene con el origen. Significa lo mismo que con la música, cuando el hombre primitivo al tocar con cierto sentido algún tronco hueco,  va siguiendo una sucesión de percusiones que solamente él oye, sea de su corazón, o de otro que le llega a su cerebro a través del  oído, y al percutir va contando con sonidos; o en la pintura rupestre, cuando el susodicho hombre primitivo, en las paredes de las cuevas deja consignadas, con líneas, los sucesos relacionados con la caza del mamut u otro animal contemporáneo suyo, y quienes intervinieron y con qué lanzas o jabalinas. Contar una historia, es la necesidad, no importa el medio, si son palabras, los dibujos, la música, el lenguaje mímico.   2 Mi madre no sabía leer ni escribir, y nos entretenía contándonos historias de su juventud. Y algunas leyendas. Entre esta, la de Don Rodrigo, dueño de vidas y haciendas, hombre de horca y ...

No volvemos

No volvemos de la muerte. Ni al tiempo anterior. Volver es rehacer lo ido. Hacer volver el tren cuando va llegando a otro pueblo. Es regresar lo dulce a la caña. Es lograr que la manzana vuelva al árbol. Y no. Solo el agua tiene su ciclo y vuelve. No así el río que jamás remonta a la montaña. A menos que se intente, cual Sisifo, que en castigo eternamente sube de nuevo la piedra, que cae cuando está ya en lo alto. Pero esa es otra historia.