Mi barca no tiene timón ni velas. Por tanto el viento la arrastra aquí o allá. Sin consideración. Al proceloso mar o al calmo río. Sin importar calor o frío. Y entre tanto pasa el paisaje. El cantar de las sirenas. Y el guiño. De las escurridizas palabras.
De cartas
Me maravillo al leer tu carta. Tengo la manía de decirlo cuando me gusta el texto desde el punto de vista del taller. Tu carta está doblemente bien, por su forma y contenido. Te agradezco de antemano la confianza de abrir tu corazón hacia este que soy, un desconocido, con el que sin embargo coincides. Te comprendo y te abrazo en la situación por la que atraviesas.
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