Borges y la banda MS




Borges y la Banda MS


1

Jorge Luis Borgues soñó con ser Jorge Luis Borges desde que leyó a este, escritor perfecto. Y eso fue culpa de su padre, porque pudiendo ponerle otro nombre, por ejemplo Ramiro, Antonio o Pedro, le puso precisamente Jorge Luis. Y cuando de muchacho descubrió al genio argentino Borges de las letras, buscó todos sus libros, los leyó y hasta se ponía a transcribir poemas y cuentos como si fuera el mismo Borges escribiendo en su cuarto, solitario. Se hizo una biblioteca, y dejó de usar su segundo apellido, De la O, para quedar solamente con Jorge Luis Borgues. Por cierto, su maestra de Lectura y redacción de preparatoria le decía para motivarlo a escribir: "nombre es destino".


2

"Al quererlos esposar/ Dijo el que iba manejando/

Mire señor oficial/ Mejor vamos arreglando/ Por que si hago una llamada/ Se van a quedar mirando/ Mire señor empresario/ Se les acabo el corrido/ Quiero el nombre de la empresa/ A la que han pertenecido/

Si señor con mucho gusto se llama Viajes Carrillo.../

Para que tanto relajo/ Por qué no habían avisado/ Déjenme la contraseña y vayanse con cuidado/

Díganle al Águila blanca que ojalá y viva 100 años.../"


3

Jorge Luis iba manejando una tarde rumbo a la universidad. Usaba lentes fondo de botella aunque no los necesitaba mucho, solo por la idea de parecerse al original Borges, hasta en eso de quedarse ciego. Para eso ya se había comprado un bastón de palo de rosa africano. Le mandó hacer una empuñadura especial, con resaques de figuras y temas griegos. Digo, iba manejando escuchando la radio, y era precisamente Águila blanca, de la banda Ms, cuando el locutor planteó una trivia y ganar dos boletos para el concierto de la banda MS. Como no queriendo se detuvo, marcó a la estación de radio, y respondió sobre los tres  ríos más importantes del mundo y de qué color era el caballo blanco de Napoleón.


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Pasó por los boletos sin tener idea de qué tipo de música cantaban. Él, que soñaba con las glorias literarias de Borges, estaba metido en el lío de salir con su novia, tener dos boletos para la MS, y decirle así, sin más: "vamos". Solo que ella le ocultaba de sus gustos, por el temor a perderlo. Y la Banda MS era de sus preferidas, así que brincó de gusto al escuchar de su José Luis de los dos boletos, como si se le hubiera hecho el milagro anhelado de asistir ver y escuchar al mismo Dios tocando con banda norteña. "No sé tampoco qué música es", le dijo mintiendo.


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Llovía a cántaros. Y ambos pasaron antes a comprar unos pozoles agrios con horchata frente a la catedral. Y enfilaron al Parque Tabasco acuatizando en el estacionamiento, y listos para disfrutar de la nueva música por conocer. Borgues en silencio recordaba versos de Borges, lo cual hacía de manera rutinaria, para que se le pegara lo genial, esperando que algún día como si nada brotara el manantial de versos o narrativa calidad Nobel, pero ya de los propios, para que naciera una nueva estrella literaria, "Jorge Luis Borgues, lo nuevo en la literatura". Así se imaginaba la publicidad de su casa editora soñada.


6

Borgues en silencio, mientras acomodaba el auto entre los charcos, repasaba este poema: "El bastón, las monedas, el llavero,/ la dócil cerradura, las tardías/ notas que no leerán los pocos días/ que me quedan, los naipes y el tablero,/ un libro y en sus páginas la ajada /violeta, monumento de una tarde/ sin duda inolvidable y ya olvidada,/ el rojo espejo occidental en que arde/ una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,/ láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,/ nos sirven como tácitos esclavos,/ ciegas y extrañamente sigilosas!/ Durarán más allá de nuestro olvido;/ no sabrán nunca que nos hemos ido". "Estoy emocionada", le dijo la ovia. Y caminaron entre la letanía de voces que iban como ellos al concierto.


7

Alguien dijo, "dicen que van a suspenderlo por la tanta lluvia". "No vaya siendo", respondió su novia. Era tanta la emoción que no se imaginaba luego de esperar tanto tiempo, que les suspendieran el concierto magno. Había vendedores de paraguas (que cuando hay sol les llaman sombrillas), lo mismo de bolsas de hule negras tamaño jumbo, y sobretodos, plásticos con mangas y gorra. Además había hombres de negro ofreciendo acompañar con sombrilla grande para no mojarse, que era lo mismo, porque el lugar del concierto es a cielo abierto. Pero de todo hay, además de llaveros con formas de tuba, pistolas y fotografías de la banda, como souvenirs.


8

Para pronto,  entre rayos, truenos y lluvia, ya estaba la música a todo lo que da. Sonaba la tambora, la tuba, el trombón, clarinete y las trompetas hacían su parte, lo mismo el de la voz. Y entre el chacualeo del agua y la mezcla con sudor se oía la letra de la canción: "De allá donde soy quedó una casita/ Y ando trabajando pa' dejarla bonita/ Tengo la ilusión de llegar a ser viejo/ Y ahí pasar los días/ Un día volveré/ Allá donde soy, si Dios me presta vida/ De allá donde soy todo se extraña/ Amigos sinceros que tienen palabra/ Y también tengo al amor de mi vida/ Que me espera con ansias/ Un día volveré/ Y voy a secar con besos sus lágrimas/ ¡Y suena y suena!¡MS, chiquitita!/ ¡Ja, jai!"


9

Jorge Luis no se intimidaba. Estaba acostumbrado a "la plebe" en su trabajo y en los parques donde acudía por las tardes. Y no cejaba de pensar en la metafísica, el destino y los laberintos. Absorto miraba el cenit, y pensaba en el origen del universo, creando un nuevo verso, que guardaba siempre para sí. Solo que entre el ideal y lo material, pensaba lo mismo en su novia, de cuerpo sensual, con sus amplias caderas, y senos celestiales, y ese brillo en su mirada, que le seguía la corriente de que amaba su poesía y la prosa, pero él no lo sabía, nunca se enteró del engaño hasta que la vio feliz moviendo los pies, hombros y cadera, con ese ritmo tal, pero vio que todos lo hacían igual, solo él no, quizá por sus pies de plomo, o por no tener el aplomo de moverse en libertad. Y vinieron una y otras canciones. Era como el cuento de nunca acabar. Y él, perdido en el laberinto  de versos del Borges original y la letra popular que todos los asistentes coreaban menos él.


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Y en su mente había una revolución de versos del genial Borges mezclados con versos de las canciones que a todo tropel cantaban y bailaban los fans, entre ellos su novia, a todo lo que da. Y el chunta chunta del ritmo norteño con música de tres notas, hacía mella en su alma, como si fuera el paraíso o el infierno, que en diferencia, decía, ha de ser igual, como algo bello en tornasol, o un crisol de emociones, sea en poemas o canciones. Y se imaginó, por qué no, si la imaginación es libertad, componer canciones borgianas para que la Banda MS, o la Arrolladora banda Limón de Don Cruz Lizárraga, o el grupo Firme, o ya de perdis los Cadetes, o Los Huracanes del Norte, o alguna otra banda o grupo, las cantaran. Algo así de:  


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"En ese laberinto tan bonito,/ donde se bifurcan los caminos,/ es el lugar ideal para encontrar al otro al que quieres, chiquitita;/ y lo encontrarás en un parque,/ de Cambridge, /dando cátedra sobre palimpsestos, /literatura inglesa o poemas medievales/ y andaremos por el orbe, de infinitas realidades,/ nuestras almas inquietas escudriñen el universo,/ y estas almas amantes,/ viajen entre la vía láctea y variaciones de tu rosa./ Y entre enciclopedias que no existen,/ encontremos las razones,/ de todas las equivocaciones de Dios./  Y que suene la tambora,/ a ver, échate un solo, mi tuba; besos y versos, chiquitita..."


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Eran las diez de la mañana, el sol alto ya, cuando Jorge Luis despertó.



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