¿Qué me pasó?, se pregunta Aarón
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"Aarón era estudiante de universidad y trabajaba cuando lo de su accidente. Su trabajo consistía en repartir en moto a domicilio en un restaurant de comida rápida. Todo esto en Chihuahua. Todo en su vida era normal en el esfuerzo y felicidad en ir poco a poco luchando para alcanzar sus metas. Tenía una novia a la que amaba. Solo que un día, el día fatal, nevó. Y por ese motivo de lo resbaladizo de las calles el gerente del restaurante no permitió, por el peligro, que hicieran repartos. Ya avanzado el día la nieve empezó a derretirse, lo que provocaba goteo intenso en la puerta de entrada, lo que incomodaba a los clientes. Así que la indicación del gerente fue que Arón y otro trabajador subieran al techo para apresurar la caída de la nieve. Así lo hicieron. Y en un momento lo fatídico se presentó. Aarón tocó un cable de energía eléctrica. Y recibió una fuerte descarga..."
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Lo primero que hago al levantarme, esto es alrededor de las 6 am, es salir al patio y mirar el crepúsculo. Hoy radiante (anexo foto), iluminado el amanecer, con una nubes alzándose, como piel de borrego, solo que en lugar de blanco, con tonalidad naranja. Y cada día en todas las variantes, desde todo anaranjado mezcla con rojos, como si fuera incendio lujurioso, hasta los grises con nubes negras con barruntos de lluvia. Con todos me alegre, verdad. Porque el solo asomarme a esa parte del oriente, es constancia de vida, y la luminosidad está en mi alegría, por lo cual celebro mi vida en un día más. y tener salud y estar completo.
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Luego, desde hace dos años y medio, ahora ya como jubilado (júbilo pleno), me pongo ante esta máquina para escribir lo que salga. A veces ya con tema desde el día anterior, y en otras, y más ´últimamente, sin tema. Entonces cavilo por minutos, y me horroriza no saber de qué escribir, pero no cedo. Hasta que empiezo a escribir y poco a poco va fluyendo el tema. Me agarro de una palabra o idea, como el que se ahoga se agarraría de un clavo caliente, dicen. Y sigo sacando hilo del estambre enredado. Hasta que se ca conformando el texto. No tengo pretexto para decir hoy no escribí porque no tenía tema.
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"...Cuenta Aarón en un video, que perdió el conocimiento por breves instantes, y que al volver en sí vio la confusión de gente, bomberos y protección civil tratando de prestarle auxilio, para finalmente llevarlo al hospital, donde volvió a perder el conocimiento. Con seguridad lo atendieron. Hubo cambio de turno, y el cuerpo médico que entró lo volvió a atender, como si acabara de llegar. La conclusión: tenía daños en los brazos y piernas. Dice Aarón que al despertar y tocar sus manos parecía como si fueran de madera..."
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Hay quienes se olvidan de sí mismos. Y buscan atajos en la vida. No valoramos nuestro cuerpo y cada una de las partes, le encontramos defectos al tamaño de los pies, a nuestra estatura, al tamaño de nuestras manos, etc. Lo cierto es que yo escribo y las más de veces, quedan textos regulares; otras ocasiones, pésimos, de plano como para borrarlos, pero los dejo como constancia de mi constancia en este empeño diario. Y muy ocasionalmente sucede el milagro de un texto bueno. Escribir, como un tiempo dedicado a mi ser. Como asomarse a un pozo para sacar agua, que a veces se me niega por estar seco, con fango de fondo. Y sacarlo a golpe diario. Porque hay que calmar la sed, quitar lo inquieto, la ansiedad, y dar paz al espíritu que se niega a quedarse cruzado de brazos, y solo comer y dormir. A veces hasta en sueños me esfuerzo por redactar, aunque ese tema en el sueño al día siguiente lo olvide.
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"...Uno de esos días al despertar, entra una doctora y le dice: "Aarón, hay daños. Vamos a abrir de la rodilla hasta el pie, un corte por cada lado para ver cómo está el daño. Y vamos a tratar de salvártelos. Cuenta él, que abrieron, lo curaron y lo vendaron. Para ver si así. Y no. A los dos días la doctora le dice que no funcionó la estrategia médica. Que solo hay dos opciones, rasparle de la rodilla al pie. La planta del pie le quedará fija. "¿Y la otra opción?" Amputar quince centímetros de la rodilla para abajo. Entre más tiempo pase el corte será cada vez más arriba. La primero opción de raspado, puede o no funcionar. Y Áron tomó la difícil decisión: amputar ya. Al día siguiente, al despertar, ya no tenía una pierna y además le habían amputado los dedos de la otra pierna, lo cual no le avisaron. Se enojó. La doctora le explicó que no había de otra. Él comprendió..."
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Los problemas que uno tiene: mi sueño de anoche, ganas y necesidad de bañarme. Estaba en una pensión de verano, como cuando estudiaba en la Normal superior, en julio-agosto, en Ciudad Victoria. Es una angustia sentida en el sueño, de estar en ninguna parte, volver a Matamoros una semana previa al inicio escolar, y de allí venirme a Tabasco, a continuar con el trabajo en una comunidad. Pero entré al baño, con mi toalla y jabón personal, solo que olía mal el lugar, y sentí que mi pie derecho toco algo pastoso que no alcanzaba a ver. Más bien no vi. Entonces urgía más el baño. Pero ya no ahí. Y desperté. Ya eran las 6, me vine rápido a esta máquina.
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"...A los dos días la doctora le dio la mala noticia de que no funcionó en la otra pierna solo el corte de los dedos. Que había que amputar lo mismo que en la otra. Y ni modo. Al despertar de la operación ya estaba sin sus dos piernas. Y así siguieron los médicos y médicas, tratando de atajar el daño con uno de sus brazos y luego con el otro. En menos de quince días del accidente, de esa orden fatal del gerente de limpiar el techo (quién para sabio), y estar completo, pasó a estar sin sus cuatro extremidades. Luego le dieron de alta. Lo llevó su mamá a casa en silla de ruedas. El golpe emocional lo recibió primero al ver su casa igual que antes del accidente y él diferente. Otro golpe fue cuando vio sus tenis y una patineta. Luego pidió a su mamá que lo llevara a la recámara, y lo acercara a la ventana. A su través, miró la bicicleta. Y otro golpe más..."
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Ya cuando tengo escritos dos o tres párrafos -no antes- me levanto como un respiro con suspiro, y me preparo café. Presumo que ahora es de Coatepec. En otras ocasiones es de Chiapas. Hay una cafetería aquí en Villahermosa que tienen café de ambos lugares. Lo tuestan allí mismo y lo muelen. Entonces al esperar que lo preparen y embolsen, te acompaña el grato olor del café por todos los puntos cardinales. Entonces ya tengo mi café en una taza de colección (es un decir). Y así continúo con mi texto.
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El video de nombre "¿Qué me pasó?", de Aarón está en YouTube. Es una serie varios capítulos que él decidió grabar. Uno porque los accidentes cambian la vida, y no hay película atrás para recomponer todo y no se dé la circunstancia que aniquila a veces físicamente y otras emocionalmente. Lo hace como prueba de su voluntad férrea de salir adelante. Y cómo pudo adaptarse física y emocionalmente a la nueva circunstancia. Impacta, sí. Porque nosotros a veces nos ahogamos en un vaso de agua, con nuestros problemas cotidianos. Solo que hay lecciones de vida, como esta de Aarón.
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A Aarón Acosta, chihuauense, el accidente le cambió su vida a los 18 años. Su novia de antes es su esposa de ahora. Tienen dos hijos. Es conferencista internacional, influencer. Tiene sentido del humor. Dice que cuando baila no le importa que le den pisotones en los pies. Y por sus amigos mete las manos.
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