No por siempre aquí

No por siempre aquí

1
Casi no voy a los panteones. Es más, por decirlo llano: no me gusta ir. Mi pensamiento rápidamente me dice, ese es el lugar al que todos pertenecemos, y tarde o temprano allí hemos de llegar a cumplir una cita ineludible. Ayer fui de visita al panteón central. 

2
Se cumplieron ayer precisamente cuarenta días de la muerte (que difícil es decirlo) de mi amada sobrina Lupita, 38 años, enfermera del IMSS. Fuimos a dejarle una cruz de flores. Y a rezar un rato bajo el inclemente sol de las 10 de la mañana. Realmente yo no recé (no sé). Me dedico a recorrer las tumbas y a mirar algunas fechas, nombres y apellidos, epitafios, formas de los sepulcros, lápidas, y tomo fotografías.

3
No me gusta ir. Pero voy a cumplir con tradiciones y ritos. Nunca he ido un 2 de noviembre por las aglomeraciones. Pero me gustaría ir solo para andar tomado fotos, que es uno de mis pasatiempos favoritos. Siempre seré el eterno empírico en todo. En la vida, sin duda alguna, empírico, siempre, todos.

4
De entrada me gusta mirar la palabra "Silencio" que está en la mayoría de los panteones. No sé para qué piden silencio, si los muertos no escuchan, me gustaría que hablaran. Y los vivos quieren platicar, entre ellos o con los que más no están. A mí ni me molesta que los visitantes platiquen, si el hablar es inherente al ser humano. Tampoco me molesta el silencio porque es condición para el diálogo interno.

5
Hay una fotografía que me gusta tomar (tirar, dicen los cubanos), y es en la entrada del panteón de Ocuiltzapotlán, ya de noche un mariachi se pone a esperar clientes allí. Y precisamente se ponen a un lado o abajo de la palabra "Silencio", en la entrada. Y me gusta tomarles foto, para luego ponerle un pie informativo que diga: "Los mariachis callaron".  Por la canción Ella, de José Alfredo Jiménez. "De mi mano sin fuerza cayó mi copa sin darme cuenta. Ella quiso quedarse, cuando vio mi tristeza... etc".

6
Ayer fui al panteón y no me gusta. Al caminar entre tumbas me da por pensar  en epitafios y recuerdo algunos. "Se los dije que estaba enfermo y no me creyeron". "Y sí había gas". "Amé, fui amado". "Nada hay de este lado". O algo así. Me impongo siempre la tarea de escribir uno para dejarlo y quede en mi lápida. ¿Y qué importa si queda o no?

7
Por el centro del panteón hay un limonero. Como el sol estaba intenso a la hora que andaba yo caminando por allí, me senté en una tumba bajo la sombra. Y me imaginé, sí, ya muerto y enterrado bajo la sombra de un limonero como ese, un toronjero, o almendra, dijo un amigo. Y si el limón, pues entonces no estarían demás unos coquitos para el ginebra o vodka ruso, precisamente. Ya hasta imagino disfrutar el olor de sus flores esas noches de extremo silencio.

8
Y me pongo a pensar, cómo querré sea mi funeral. Y cómo sería mi entierro. ¿Cómo será la muerte? Y recuerdo el poema de Nezahualcoyotl:  

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:/ ¿Acaso de verás se vive con raíz en la tierra?/ No para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí./ Aunque sea de jade se quiebra,
aunque sea de oro se rompe,/ aunque sea plumaje de quetzal se desgarra./ No para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí.

9
¿Y el sentido de la vida? No por siempre aquí.  Nunca lo sabremos a cabalidad, aparte de las dudas y certezas que tienen otros. Precisamente hoy en la madrugada, sin pensar en la muerte y panteones, pensaba sobre el amor platónico y el terrenal, si cuál de ellos es más importante, o si un poquito de uno o de otro, o solo y en exclusiva uno de ellos, en este transitar en la vida, por demás efímera y fugaz. Y me quedo pensando. Solamente eso.

10
Ayer fui al panteón central.  Se respira paz y tranquilidad.  Y hasta ahora he salido. Caminé hacia afuera. Y no, no tengo ganas de quedarme. Amo la vida. Y vuelve desde lejos la voz de  Don Neza: "no por siempre aquí".

*Me ayudas mucho si compartes este texto. Lo agradezco de antemano y de corazón.

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