Es domingo y llueve

Es domingo (de Ramos), de noche y llueve. Oigo a Debussy, mientras tomo café olvidado de la tarde. El día se fue entre razonamientos lógicos y nostalgia por ausencias y visitas. Extraño otros días. Y trabajo por los que vienen. La cuadrícula de lo diario someto con trazos libres a lápiz. Dibujé un cometa y un monótono grillo. Había dejado un anzuelo con carnada en la pecera para ver si atrapaba algo, a manera de juegos metafísicos. Escribí unas cuantas palabras, como datos del exilio. Y apareció como magia una carta de respuesta olvidada con el tiempo. Sigue lloviendo. Debussy juega con las notas del piano. Imagino como en sueños bosques con luces y sombras, luna nocturna y mar en revuelo. Yo me creo lo que imagino con sus notas. Y un claro porvenir viene en avalancha. Ni busquéis claves en estos dictados del insomnio, me digo ante el espejo. Nada hay en escondrijo o líneas. Solo que es domingo. Es de noche. Y llueve. Mientras, sigo empecinado en escuchar a Debussy. Recorren sus notas momentos del pasado. Pastan caballos hojas secas adheridas a la piel y cicatrices.

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