¡Al ladrón!
1
Ningún candidato a puesto popular hace su campaña diciendo que va a robar del erario público. Ninguno. Porque de tanta franqueza, los votos no serían para él, por más popular que fuera. Entonces se pone un disfraz de oveja, y aunque se le sale la cola de lobo, la gente hace como que no se da cuenta. Y en el momento de ejercer su voto, se acuerda de su sonrisa, de lo popular, de cómo la abrazó, y vota de nuevo por él.
2
Hubo sí un candidato, que quiso ser el primero, pero no se atrevió en toda la extensión de la palabra. Solo logró deslizar que otros roban mucho, y que él lo haría "poquito", a como lo hizo la primera vez que fue presidente municipal. El municipio es San Blas, Nayarit. Parece de novela satírica. Él, cínico, Hilario Ramírez Villanueva, candidato independiente, la primera vez fue bajo las siglas del PAN, y en un mitin dijo que él, esa primera vez que fue presidente había "robado poquito, porque el municipio es muy pobre, nomás le di una rasuradita, y que ahora también robaría poquito, no como otros". Y ganó por segunda vez la presidencia municipal en 2014. La declaración completa es la siguiente:
A mí me gusta el dinero, como a ustedes y como a todos, pero me gusta trabajar. Qué le robé a la presidencia, sí le robé, sí le robé, porquito porque está bien pobre, le dí una rasuradita, pero lo que me robaba con esta mano, con ésta se lo daba a los pobres".
3
La expresión "¡Al ladrón, al ladrón!", es muy conocida. Y se refiere al grito que profiere el ladrón en su carrera cuando lo van persiguiendo, entonces él grita lo mismo y lo hace para confundir a los demás, de que él también va persiguiendo al ladrón, y por lo tanto él no lo es.
4
No hubiera funcionarios ni representantes ladrones si la gente no votara por ellos. Cuando visitaba a comunidades del municipio de Centro (Villahermosa es su cabecera municipal, y es el más grande de Tabasco, con el 40 % de la población) en 2011, 2012 y 2013, y en esas reuniones les decía algo así: "el pueblo también es cómplice cuando tiene estas expresiones: "fulano robó, pero hizo obra"; "zutano robó pero salpicó", y la peor es: "Perengano es un pendejo: gobernó y no robó". Al escuchar estas expresiones las personas que escuchaban reían, se miraban unos a otros, asentían, sabiendo que muchas de esas expresiones ellos también las decían.
5
Ayer escuché la participación en radio de el Doctor Mario Madrigal, mi amigo. En él refiere el cuento donde un rey quiere saber cómo es el pensamiento del que roba. Y le pide a sus consejeros que le lleven al mayor ladrón que haya en su reino. Los consejeros investigan, dan con uno, lo llevan ante el rey. Y este le dice que le de lecciones de cómo robar. El ladrón se poner a argumentar que sus vecinos le tienen coraje, que él no es ladrón, que se han equivocado, que es injusto que lo señalen a él. Entonces el rey conmovido llama a sus consejeros, para que se lo leven, porque lo convenció. Al rato se da cuenta que le han robado su anillo como arte e magia, y el único que estuvo allí, fue el ladrón. Entonces el rey lo manda detener, y ordena que lo meten a una de las mazmorras.
6
Este caso es singular. El rey no puede dormir, por el pesar, y que podría ser un error, el peor acusar a alguien inocente de ladrón. Y en su insomnio se acerca sin ser visto a la mazmorra del susodicho. Y escucha que el ladrón está rezando, y dice a Dios, "señor, es una injusticia, porque yo, por qué a mí". Entonces el rey, conmovido, lo manda liberar, pero que en la mañana lo lleven ante él. Y así proceden los consejeros. Ya en la mañana está ante él el ladrón. Y con un movimiento démonos hace aparecer el anillo y la cartera robados al rey. Éste sorprendido le dice: "pero sí habías sido tú, mas te confieso que me convenciste que no habías sido tú el ladrón. y éste se sincera. Le dice: me trajiste la primera vez para que te dé lecciones de cómo robar. esta es una de ellas: "el ladrón ha de convencer con todas sus habilidades que él no es ladrón, que están muy equivocados". Entonces el rey le aplaudió.
Yo agrego: y se hizo candidato y volvieron a votar por él.
7
Un niño le da la bienvenida al presidente municipal y su comitiva. El evento era en un municipio de la Chontalpa. O de la Sierra de Oaxaca. O en un pueblo polvoriento de Sonora. O en la película de la Ley de Herodes. El caso es que el niño de sexto grado, elocuente en grado sumo, le da una muy buena bienvenida al presidente municipal. Y este, arrobado e impactado por el manejo de la palabra y el énfasis en el niño, dice fuerte cuando este termina: "excelente, este niño va a tener muy buen futuro. Mínimo va a llegar a ser presidente municipal, diputado o hasta gobernador". Y estaba la mamá cerca y preocupada dijo en tono fuerte: "no señor presidente, mi hijo no va a ser ladrón, yo quiero que de grande sea un hombre de bien, un ciudadano honrado, para que yo de vieja me sienta orgullosa de él".
8
Diógenes, no en Atenas, sino en todos los pueblos, todas las épocas, las pequeñas y grandes ciudades, no solo en Latinoamérica, sino en todos los continentes, no solo en el planeta tierra o esta galaxia, sino en todas, camina, deambula con una lámpara encendida de día. Le dicen el loco, que está bien "ido de la mente", diría Cornelio Reyna. Pero es en Atenas, la antigua Grecia, la cuna de la civilización, donde anda, camina, sueña, anhela, ríe como loco. Y uno, entre tantos, se atreve y le pregunta la razón de andar con una lámpara encendida, y de día, con pleno solazazo. Y este, comprensivo, lento le dice: " es que ando buscando hombres honrados en Grecia".
9
Que castiguen a todos los ladrones, dice Bécqer, el de poesía eres tú, "pero que también castiguen a ella, que me he robado el corazón".
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