Sábado. Despertar, qué lindo, y agradecido. Y más si hay a la mano un café, con galletas de animalito, como en los viejos tiempos. Reflexiono sobre la vida, y más en estos tiempos de pandemia, que nos tiene bajo arraigo domiciliario. Pero ya pasará. La vida es el grato destino del ser. La vida bella es un concepto de amarla sin restricción, aún con sus aristas, que nos corta metafóricamente a frente. Y seguimos sin más, con la pasión de vivirla. Las tantas cosas que tiene, como esta en novedad de platicar con los amigos y amigas de la escuela secundaria. Recordar a los maestros, y varios de los sucesos, de cuando estábamos chiquillos -12-15 años, en el despertar de la vida y por lo que hemos pasado. El despertar al amor, el compartir alimento, las tantas actividades escolares, el regaño y castigo cuando alguna conducta afectaba a otros, pero sobretodo la aventura juvenil del vivir. Todo esto lo escribo con taza de café a la mano. Con el aroma que inunda el ambiente.
Por eso
Por eso, cuando yo quedo, en suspiros por la nueva vida, tomo una hoja seca arrastrada por el viento, su ocre color, y la humedezco, para esperar el milagro. Hay polen adherido. Y a veces suceden cosas que ni yo mismo creo. Brilla, sí brilla, como si tuviera nueva vida. Por eso me adelanto a las circunstancias, cierta lógica, la experiencia. Y sigo en camino con olfato para la aventura. Menester fijar algunas circunstancias, entonces escribo, doy señales de lo interno, emociones al caso, decisiones o desilusiones, o externas, como boleto sin número de asiento, sabrá Dios la compañía. En fin, no se da parte del todo, solo de algo en específico. La otra vez escribí sobre los tiempos. Me da por reflexionar sobre la muerte, esta viva soledad que me abraza grandilocuente. Se ha ido una gran persona, en las mismas circunstancias sin o con fama; sin o con dinero. Para variar, el caso es el mismo. Hemos de irnos como pretexto sin despedirnos. Por eso, suspirar es razón suficiente de amores con...
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