Que gatos tardan tanto tiempo en refrescarte la memoria. Que,  siendo negros de pelambre, se cruzaron frente a ti. Como cruce en el camino de toros y rojo. Y nada de mala suerte. Ni los recuerdos más fútiles tardaron en llegar con el viento de recuerdos. Ahí estaban, agazapados. Mientras la culpa al otro.

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